Emilio Sánchez Vicario, evacuado por el huracán Irma: "Lo peor es no saber qué te puede pasar"



Emilio Sánchez Vicario en la presentación de un libro en 2009.

Suena el teléfono en la redacción del HuffPost y es Emilio Sánchez Vicario. Sí, lo normal es que sea al revés: que el medio se ponga en contacto con el entrevistado. Pero el móvil del profesor de tenis, con el que este periódico ha intentado contactar en multitud de ocasiones durante día y medio, no da señal, no hay forma de conectar con él.

Normal: Sánchez Vicario está en Naples, Florida. De hecho, no llama desde su teléfono: lo hace desde un Home Depot, un enorme almacén de bricolaje, donde —después de recibir recado de este medio— ha conseguido una línea de teléfono mientras a su alrededor miles de estadounidenses pelean por encontrar material para sacar adelante sus hogares. Pelean, literalmente: hay policía vigilando el establecimiento para que no haya asaltos ni enfrentamientos.

Este hombre de 52 años, nacido y crecido en una estirpe de tenistas, se ha pasado los últimos días luchando contra los elementos: en concreto, contra el huracán Irma, que ha dado de lleno en su club de tenis en Florida. Cuenta Sánchez Vicario que no hay nada que lamentar: “No ha habido daños”. “Por suerte aquí el viento iba en contra del mar, no se nos ha venido encima la marea”, relata tranquilo, pero sin dejar de hablar rápido, que no están las líneas de teléfono como para fiarse y hay mucho que contar.

Cuenta que hay algunos petos, algunas pistas, un poco estropeadas, algún que otro tejado volado, pero que las instalaciones no se han visto afectadas y, sobre todo, nada les ha pasado a los muchachos que pasaban el verano en el club de tenis. Chicos venidos de todas partes del mundo. “Por suerte estos chavales son atletas, están acostumbrados a la dureza. Es muy duro vivirlo, pero es más duro verlo por televisión, la verdad. Yo entiendo que la televisión es un negocio, pero la gente que está en otro sitio también ve la tele…”, lamenta quejándose de la cobertura casi catastrofista del huracán. “Había 25 chicos venidos de China, de Japón… y en sus casas había mucha angustia. Los niños tenían que calmar a los padres”, relata.

Imagen del club tras el paso de Irma.

Irma les pilló de lleno y casi de improviso. “No venía hacia aquí”, justifica sobre su decisión de no ser evacuados antes. Efectivamente, el huracán iba a golpear sobre Miami, en la costa este de Florida, y no sobre Naples, en la costa oeste, como luego ocurrió, lo que ayudó además a que sus efectos fueran menos graves de lo que se temía. “En el pasado, nuestro club era una zona de refugio público, está más elevada del mar, unos metros hacia dentro del Cayo, por lo que nos quedamos allí, estábamos más seguros. Pero el sábado 9, el día antes del huracán, a las 12 de la mañana nos llamó la policía y nos obligó a marcharnos: estábamos en zona de evacuación”.

Dos docenas de alumnos (de entre 11 y 18 años), unos cuantos adultos, cuatro o cinco niños de no más de cuatro años… ¿Dónde se mete a toda esa gente? “Por suerte hay un club de golf al otro lado de la calle. Esta es una zona donde viene gente muy adinerada a pasar el invierno. Tenían un gran salón acondicionado para el invierno y justo esa parte estaba cerrada, allí nos metimos. La gente nos trató superbien. Llegamos allí a las dos de la tarde”. Allí pasaron ese día y esperaron a que llegara el huracán, al siguiente.

“Los niños preguntan mucho, no son conscientes de la realidad”, cuenta Emilio acerca de su experiencia. “Querían irse, querían salir a sacar fotos… Mi hijo pequeño, de cuatro años, quería salir, y yo le explicaba que había vientos muy fuertes. ‘Es que yo soy muy fuerte, soy más fuerte que el viento’, me decía”, relata entre risas. Eso sí, pudieron salir del refugio cuando su zona estuvo en el ojo del huracán, precisamente la parte más tranquila de la tormenta: “Es increíble, parece que no ha pasado nada, hay un sol… Eso sí, estás 30 minutos y te tienes que volver a meter…”.

Para él, la peor parte ha sido la mental: “No sabes qué te puede pasar, si vas a tener que correr, a nadar, a irte a otra habitación, a otro lugar, si se va a volar el tejado…”. También reconoce que le han impactado las imágenes que ha dejado este gigantesco fenómeno: “Lo peor son los árboles, árboles gigantes, arrancados completamente”.

Para el tenista esto no ha acabado,no ha pasado todo, ni de lejos. Su escena en el Home Depot da buena cuenta de ello. “Estamos sin teléfono, sin luz… Nosotros tenemos agua, no se han roto los depósitos. Y hay alimentos, que tengo entendido que en las islas están sin alimentos y es mucho peor”, cuenta, explicando que, por ejemplo, al no haber electricidad no hay aire acondicionado, en una zona con altísima humedad y en la que se alcanzan “los 30 grados por las noches”. Por el momento, cree que la luz llegará a la zona el 22 de agosto: les quedan unos 10 días. “Ahora valoras mucho el aire acondicionado, el café de la mañana… No nos damos cuenta de lo bien que vivimos, la verdad”.





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