‘Aquí no nos ha llamado ningún fondo de inversión, pero si nos llaman no vamos acoger’

‘Aquí no nos ha llamado ningún fondo de inversión, pero si nos llaman no vamos acoger’



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A la hora de pensar en un festival de música, aunque en la mayoría de los casos la experiencia es satisfactoria, se suele asocial con el alto precio de los abonos, la masificación e incluso el odiado solapamiento de horarios. Sin embargo, ante lo que se ha llamado la «burbuja de festivales» que principalmente apela a los medianos con un cartel medianamente homogéneo, hay otro modelo de festival que aparentemente pasa desapercibido, pero que es capaz de lograr éxitos más allá del rédito económico. En este margen lleva 26 años realizándose el Ebrovisión, en Miranda de Ebro (Burgos), de la mano de la Asociación Cultural Amigos de Rafael Izquierdo, nacida como una iniciativa de amigos para revitalizar la vida cultural de la ciudad y que ha acabado convirtiéndose en una cita festivalera ineludible para artistas y aficionados. En la primera edición estaban Los Piratas y La Habitación Roja (que, casualmente, está en esta también), entre otros nombres, pero por su cartel han pasado nombres internacionales como Ty Segall, Nada Surf o Miles Kane. Ahora, la edición de 2026 que se celebra entre el 3 y el 6 de septiembre con abonos a 80 euros y entradas de día a 50, figuran nombres emergentes como Rata o Juventude. Tal y como cuenta a El HuffPost Ramiro Molinero, director del festival, todo parte de la asociación, que surgió en 1992 tras el fallecimiento de Rafael Izquierdo a los 19 años: «Desde entonces su grupo de amigos creó un memorial, un concierto y, en el año 1999-2000 ya nos entró la fiebre festivalera y después de un FIB en Benicassim dijimos: «Joder, ¿por qué no podemos hacer aquí nosotros un festival, aquí en nuestra ciudad?». Entonces, la falta de conciertos y eventos culturales en su zona —que no era un escenario como el actual donde cada provincia cuenta prácticamente con una decena de festivales o ciclos— les hicieron lanzar la iniciativa junto a amigos con gustos similares. «Nos juntamos como unos 50 o 60 y en el año 2000 nació la primera edición del festival, totalmente autogestionado, organizado por chavales de 24 o 25 años que no teníamos ni puñetera idea de lo que era todo esto», recuerda.La ‘locura’ de gestionar un festival como ‘hobbie’Con esa actitud siguen o, como apunta Molinero, más bien «sobreviven», ya que, tal y como recuerda, es una asociación sin ánimo de lucro y el festival no tiene ningún afán lucrativo. «La gestión pura y dura del festival lo hacemos desde la asociación. Tenemos una gestoría que nos hace las obligaciones de cualquiera, pero nada más», señala el director.»El presupuesto es de 1.000.000 de euros y, si sale algo, se invierte en el festi o en el resto de actividades que hacemos —festivales temáticos como Ebroclub (sixties) MUF (sonidos urbanos), Ebrocorto (festival de cortos musicales)— y si palmamos, pues a tirar todos de tarjeta y, si no llega, pues cuenta de crédito», recuerda.Aunque admite que en los 26 años han pasado por todo tipo de circunstancias, el Ebrovisión cuenta con «una salud envidiable». «Hay mucha gente joven, chavales de 25-30 años que están superándose y que trabajan muchísimo y aquí seguimos en este mundo tan competitivo», señala.

 

Uno de los conciertos del Ebrovisión 2025.Jorge Sola

De hecho, los ecos del festival llevaron a que en 2018 se alzaran con el Premio FEST a Mejor Festival Nacional, pero no se han planteado en ningún momento modificar su modelo. «Tenemos trabajos del día a día, que nos dan de comer, y luego dedicamos nuestro tiempo libre y nuestras vacaciones las dedicamos a organizar todo esto para que en nuestra ciudad haya cosas», recuerda.»Aquí no nos ha llamado ningún fondo de inversión a la puerta, no debemos ser interesantes, pero si llaman no les vamos a coger», bromea Molinero, quien repasa los 26 años de certamen con épocas de éxitos y otras en las que «han estado cuatro gatos y han seguido adelante». «Entendemos que, aunque haya una persona que deposite su ilusión y su compromiso en venir a verte, ya merece la pena todo esto», enfatiza.Sobre esos primeros años, en los que no imaginaban ni lo que era el «cash flow», recuerda el «vértigo», pero también la libertad creativa. Desde entonces, han tenido siempre clara la división de roles desde la asociación. «El tesorero es el que coordina las facturas, todo el tema gráfico también, las redes sociales…», detalla. A nivel técnico, lo más complicado y costoso de estos eventos, cuentan con otro miembro de la asociación, que trabaja en ello profesionalmente. En cuanto a su rol como director, Molinero asegura ser al más puro estilo Paquita Salas, «más 3-60»:  «Lo mismo negocio con el de la Pepsi o la Coca-Cola que te cierro a los Get Down Services», apunta y bromea sobre la cantidad de grupos que ha cerrado en su horario laboral. 

«Tenemos trabajos del día a día, que nos dan de comer, y luego dedicamos nuestro tiempo libre y nuestras vacaciones a organizar todo esto para que en nuestra ciudad haya cosas»Ramiro Molinero, director del EbrovisiónCapeando la subida de los cachés sin perder la esenciaEn el criterio para aparecer en el cartel del Ebrovisión no es otro que el gusto de su director y el ser «diferenciadores» de los demás «festiguales», las principales víctimas de estas «cancelaciones masivas». Pero asegura que también han sido víctimas de esa subida de cachés, una de las causas por las que muchos eventos se han ido a pique, especialmente tras la pandemia, cuando ascendieron entre un 30 y un 100%. «Pasa como con la sociedad, lo que se llamaba clase media cada vez hay menos: hay más ricos y más pobres», señala Molinero. «Hay algunos que están haciendo muchísimo dinero y luego hay bandas que se merecen poder vivir de esto magníficamente y no pueden», apunta.Aunque hay grupos, como La Habitación Roja, el propio Iván Ferreiro, Lori Meyers o Carolina Durante, que han repetido, Molinero destaca que la mitad de los que actúan cada año no han estado en ninguna ocasión. «Es primordial que nos guste a nosotros, hay como una lista de grupos que no van a venir nunca, que están tachados por muchos motivos, no nos gustan o no los vemos creíbles», detalla sobre el proceso de programación.

 

Veintiuno en el Ebrovisión 2025.Jorge Sola/La Trinchera

«Luego, dentro de esa lista de que sí, intentamos llamar a las puertas de las oficinas y ver hasta dónde puede llegar nuestro presupuesto e intentar conseguir lo mejor e intentar crear una línea media de grupos de nivel, como este año Rufus T. Firefly, Repion, Triángulo de Amor Bizarro…», indica el director.Por ejemplo, en la edición de este 2026 cuentan con un 40% de artistas femeninos o mixtos con nombres como Repion, Shego, Triángulo de Amor Bizarro o Rufus T. Firefly, una cifra que también dista bastante de la masculinización que predomina en la industria. «Eso habla de los buenos grupos femeninos que tenemos en este país», señala el director del festival, que recuerda que no ha sido algo intencionado ni parte de lo llamado «discriminación positiva».Pero el cartel no es su principal activo, como sí ocurre con eventos como el MadCool, el Primavera Sound o el BBK. En el Ebrovisión quieren dejar clara la «marca Ebro» y, por ello, en el 20º aniversario colgaron el sold out sin anunciar ni un solo nombre, con un cartel sorpresa. «No vamos a engañar ni a meter cosas raras, porque ese año es lo que más vende, sino que vamos a seguir nuestro criterio», recuerda Molinero.De esta forma, en el «Ebro» no se verán carteles eclécticos que mezclen grandes nombres del mainstream pop con grupos emergentes españoles, DJs de prestigio internacional y el último trapero de moda, sino que siguen —dentro de la variedad de géneros— un estilo muy marcado. «Hemos cumplido muchos sueños de nuestra juventud como traer a Ocean Colour Scene o The Charlatans, que en ningún momento pensábamos que íbamos a poder tenerlos aquí en nuestra ciudad», rememora Molinero, quien destaca que «la asociación da trabajo, pero nos da muchas satisfacciones».Más allá de la masificación y la turistificaciónEl turismo de festivales se ha convertido en algo cada vez más común, atraer con la música en directo a personas que generan un impacto de hasta 3.800 millones de euros en España, según datos del anuario de la SGAE 2024, por lo que el distintivo de salirse del rail también va en ese sentido.Mientras otros festivales mueven sus escenarios a las afueras, tienen denuncias vecinales y no buscan una integración con el entorno, el Ebrovisión quiere ser también un festival para sus vecinos, con escenarios jueves, viernes y sesiones matinales sábado y domingo gratuitas en diversas ubicaciones de la ciudad.Molinero estima un impacto económico en la zona de unos 3.000.000 de euros. «Toda la gente que está montando se aloja aquí, no solo en la ciudad, sino también en la comarca. Miranda es una ciudad pequeña, somos 36.000 habitantes y es un impacto muy potente también mediáticamente y como nombre de ciudad», señala.Pero también lo viven sus vecinos que disfrutarán estos días de conciertos gratuitos de grupos como Juventude, La Milagrosa o Rata, pero también de la oferta gastronómica (con un ticket previo) de dos mirandeses, Alejandro Serrano y Alberto Molinero, galardonados con una estrella Michelín y un Sol Repsol, que combinarán su talento con el de los chefs Antonio Arrabal y Gerardo Bracho. Esta mezcla de gastronomía con estrella y música es una opción cada vez más frecuente en estos microfestivales, al igual que el SON Estrella Galicia Posidonia.»Se ha creado un vínculo muy importante con todos los ciudadanos de Miranda, que están encantados con que se celebre el festival, no hay nunca ninguna queja. Creo también que, al ser todos de aquí, de Miranda, cuidamos mucho de que la ciudad no se masifique», explica Molinero.

 

Asistentes al Ebrovisión 2025.Jorge Sola/La Trinchera

Para ellos, la premisa es «mejor calidad que la cantidad». «Queremos que cualquier persona que venga a Miranda los días Ebrovisión que no vea esto como un parque Disney, sino que no que mañana sábado me como mi pincho de champiñones en Tia Gilda, y el que venga el finde que viene se lo pueda comer, que no esté todo solo dedicado al consumo masivo», defiende sobre su ciudad, la que quiere que se integre con distintas localizaciones y que se conozca más allá del recinto en el Polideportivo de Anduva. «Es un win win, que dicen los modernos», bromea. 
Su comparación con su vecino el Sonorama en Aranda de Duero, que también nació como asociación cultural, es inevitable, pero el devenir ha sido muy distinto. El pasado año, al Ebrovisión asistieron más de 23.000 personas, mientras que en el Sonarama de este año se cifran en más de 150.000 personas. «Con los años cada uno hemos tomado un camino diferente. Nosotros seguimos militando en nuestra postura de ser alternativos y ellos han optado por otra fórmula, que es totalmente loable, cada uno a lo suyo», apunta Molinero. Sin embargo, lejos de una lucha, el asociacionismo se lleva también a la práctica. «Somos grandes amigos y hay mucha sinergia», concluye.

A la hora de pensar en un festival de música, aunque en la mayoría de los casos la experiencia es satisfactoria, se suele asocial con el alto precio de los abonos, la masificación e incluso el odiado solapamiento de horarios. 

Sin embargo, ante lo que se ha llamado la «burbuja de festivales» que principalmente apela a los medianos con un cartel medianamente homogéneo, hay otro modelo de festival que aparentemente pasa desapercibido, pero que es capaz de lograr éxitos más allá del rédito económico. 

En este margen lleva 26 años realizándose el Ebrovisión, en Miranda de Ebro (Burgos), de la mano de la Asociación Cultural Amigos de Rafael Izquierdo, nacida como una iniciativa de amigos para revitalizar la vida cultural de la ciudad y que ha acabado convirtiéndose en una cita festivalera ineludible para artistas y aficionados. 

En la primera edición estaban Los Piratas y La Habitación Roja (que, casualmente, está en esta también), entre otros nombres, pero por su cartel han pasado nombres internacionales como Ty Segall, Nada Surf o Miles Kane. Ahora, la edición de 2026 que se celebra entre el 3 y el 6 de septiembre con abonos a 80 euros y entradas de día a 50, figuran nombres emergentes como Rata o Juventude. 

Tal y como cuenta a El HuffPost Ramiro Molinero, director del festival, todo parte de la asociación, que surgió en 1992 tras el fallecimiento de Rafael Izquierdo a los 19 años: «Desde entonces su grupo de amigos creó un memorial, un concierto y, en el año 1999-2000 ya nos entró la fiebre festivalera y después de un FIB en Benicassim dijimos: «Joder, ¿por qué no podemos hacer aquí nosotros un festival, aquí en nuestra ciudad?». 

Entonces, la falta de conciertos y eventos culturales en su zona —que no era un escenario como el actual donde cada provincia cuenta prácticamente con una decena de festivales o ciclos— les hicieron lanzar la iniciativa junto a amigos con gustos similares. «Nos juntamos como unos 50 o 60 y en el año 2000 nació la primera edición del festival, totalmente autogestionado, organizado por chavales de 24 o 25 años que no teníamos ni puñetera idea de lo que era todo esto», recuerda.

La ‘locura’ de gestionar un festival como ‘hobbie’

Con esa actitud siguen o, como apunta Molinero, más bien «sobreviven», ya que, tal y como recuerda, es una asociación sin ánimo de lucro y el festival no tiene ningún afán lucrativo. «La gestión pura y dura del festival lo hacemos desde la asociación. Tenemos una gestoría que nos hace las obligaciones de cualquiera, pero nada más», señala el director.

«El presupuesto es de 1.000.000 de euros y, si sale algo, se invierte en el festi o en el resto de actividades que hacemos —festivales temáticos como Ebroclub (sixties) MUF (sonidos urbanos), Ebrocorto (festival de cortos musicales)— y si palmamos, pues a tirar todos de tarjeta y, si no llega, pues cuenta de crédito», recuerda.

Aunque admite que en los 26 años han pasado por todo tipo de circunstancias, el Ebrovisión cuenta con «una salud envidiable». «Hay mucha gente joven, chavales de 25-30 años que están superándose y que trabajan muchísimo y aquí seguimos en este mundo tan competitivo», señala.

Uno de los conciertos del Ebrovisión 2025.

 

Uno de los conciertos del Ebrovisión 2025.Jorge Sola

De hecho, los ecos del festival llevaron a que en 2018 se alzaran con el Premio FEST a Mejor Festival Nacional, pero no se han planteado en ningún momento modificar su modelo. «Tenemos trabajos del día a día, que nos dan de comer, y luego dedicamos nuestro tiempo libre y nuestras vacaciones las dedicamos a organizar todo esto para que en nuestra ciudad haya cosas», recuerda.

«Aquí no nos ha llamado ningún fondo de inversión a la puerta, no debemos ser interesantes, pero si llaman no les vamos a coger», bromea Molinero, quien repasa los 26 años de certamen con épocas de éxitos y otras en las que «han estado cuatro gatos y han seguido adelante». «Entendemos que, aunque haya una persona que deposite su ilusión y su compromiso en venir a verte, ya merece la pena todo esto», enfatiza.

Sobre esos primeros años, en los que no imaginaban ni lo que era el «cash flow«, recuerda el «vértigo», pero también la libertad creativa. Desde entonces, han tenido siempre clara la división de roles desde la asociación. «El tesorero es el que coordina las facturas, todo el tema gráfico también, las redes sociales…», detalla. A nivel técnico, lo más complicado y costoso de estos eventos, cuentan con otro miembro de la asociación, que trabaja en ello profesionalmente. 

En cuanto a su rol como director, Molinero asegura ser al más puro estilo Paquita Salas, «más 3-60»:  «Lo mismo negocio con el de la Pepsi o la Coca-Cola que te cierro a los Get Down Services», apunta y bromea sobre la cantidad de grupos que ha cerrado en su horario laboral. 

«Tenemos trabajos del día a día, que nos dan de comer, y luego dedicamos nuestro tiempo libre y nuestras vacaciones a organizar todo esto para que en nuestra ciudad haya cosas»

Ramiro Molinero, director del Ebrovisión

Capeando la subida de los cachés sin perder la esencia

En el criterio para aparecer en el cartel del Ebrovisión no es otro que el gusto de su director y el ser «diferenciadores» de los demás «festiguales», las principales víctimas de estas «cancelaciones masivas». 

Pero asegura que también han sido víctimas de esa subida de cachés, una de las causas por las que muchos eventos se han ido a pique, especialmente tras la pandemia, cuando ascendieron entre un 30 y un 100%. «Pasa como con la sociedad, lo que se llamaba clase media cada vez hay menos: hay más ricos y más pobres», señala Molinero. «Hay algunos que están haciendo muchísimo dinero y luego hay bandas que se merecen poder vivir de esto magníficamente y no pueden», apunta.

Aunque hay grupos, como La Habitación Roja, el propio Iván Ferreiro, Lori Meyers o Carolina Durante, que han repetido, Molinero destaca que la mitad de los que actúan cada año no han estado en ninguna ocasión. «Es primordial que nos guste a nosotros, hay como una lista de grupos que no van a venir nunca, que están tachados por muchos motivos, no nos gustan o no los vemos creíbles», detalla sobre el proceso de programación.

Veintiuno en el Ebrovisión 2025.

 

Veintiuno en el Ebrovisión 2025.Jorge Sola/La Trinchera

«Luego, dentro de esa lista de que sí, intentamos llamar a las puertas de las oficinas y ver hasta dónde puede llegar nuestro presupuesto e intentar conseguir lo mejor e intentar crear una línea media de grupos de nivel, como este año Rufus T. Firefly, Repion, Triángulo de Amor Bizarro…», indica el director.

Por ejemplo, en la edición de este 2026 cuentan con un 40% de artistas femeninos o mixtos con nombres como Repion, Shego, Triángulo de Amor Bizarro o Rufus T. Firefly, una cifra que también dista bastante de la masculinización que predomina en la industria. «Eso habla de los buenos grupos femeninos que tenemos en este país», señala el director del festival, que recuerda que no ha sido algo intencionado ni parte de lo llamado «discriminación positiva».

Pero el cartel no es su principal activo, como sí ocurre con eventos como el MadCool, el Primavera Sound o el BBK. En el Ebrovisión quieren dejar clara la «marca Ebro» y, por ello, en el 20º aniversario colgaron el sold out sin anunciar ni un solo nombre, con un cartel sorpresa. «No vamos a engañar ni a meter cosas raras, porque ese año es lo que más vende, sino que vamos a seguir nuestro criterio», recuerda Molinero.

De esta forma, en el «Ebro» no se verán carteles eclécticos que mezclen grandes nombres del mainstream pop con grupos emergentes españoles, DJs de prestigio internacional y el último trapero de moda, sino que siguen —dentro de la variedad de géneros— un estilo muy marcado. 

«Hemos cumplido muchos sueños de nuestra juventud como traer a Ocean Colour Scene o The Charlatans, que en ningún momento pensábamos que íbamos a poder tenerlos aquí en nuestra ciudad», rememora Molinero, quien destaca que «la asociación da trabajo, pero nos da muchas satisfacciones».

Más allá de la masificación y la turistificación

El turismo de festivales se ha convertido en algo cada vez más común, atraer con la música en directo a personas que generan un impacto de hasta 3.800 millones de euros en España, según datos del anuario de la SGAE 2024, por lo que el distintivo de salirse del rail también va en ese sentido.

Mientras otros festivales mueven sus escenarios a las afueras, tienen denuncias vecinales y no buscan una integración con el entorno, el Ebrovisión quiere ser también un festival para sus vecinos, con escenarios jueves, viernes y sesiones matinales sábado y domingo gratuitas en diversas ubicaciones de la ciudad.

Molinero estima un impacto económico en la zona de unos 3.000.000 de euros. «Toda la gente que está montando se aloja aquí, no solo en la ciudad, sino también en la comarca. Miranda es una ciudad pequeña, somos 36.000 habitantes y es un impacto muy potente también mediáticamente y como nombre de ciudad», señala.

Pero también lo viven sus vecinos que disfrutarán estos días de conciertos gratuitos de grupos como Juventude, La Milagrosa o Rata, pero también de la oferta gastronómica (con un ticket previo) de dos mirandeses, Alejandro Serrano y Alberto Molinero, galardonados con una estrella Michelín y un Sol Repsol, que combinarán su talento con el de los chefs Antonio Arrabal y Gerardo Bracho. Esta mezcla de gastronomía con estrella y música es una opción cada vez más frecuente en estos microfestivales, al igual que el SON Estrella Galicia Posidonia.

«Se ha creado un vínculo muy importante con todos los ciudadanos de Miranda, que están encantados con que se celebre el festival, no hay nunca ninguna queja. Creo también que, al ser todos de aquí, de Miranda, cuidamos mucho de que la ciudad no se masifique», explica Molinero.

Asistentes al Ebrovisión 2025.

 

Asistentes al Ebrovisión 2025.Jorge Sola/La Trinchera

Para ellos, la premisa es «mejor calidad que la cantidad». «Queremos que cualquier persona que venga a Miranda los días Ebrovisión que no vea esto como un parque Disney, sino que no que mañana sábado me como mi pincho de champiñones en Tia Gilda, y el que venga el finde que viene se lo pueda comer, que no esté todo solo dedicado al consumo masivo», defiende sobre su ciudad, la que quiere que se integre con distintas localizaciones y que se conozca más allá del recinto en el Polideportivo de Anduva. «Es un win win, que dicen los modernos», bromea. 

Su comparación con su vecino el Sonorama en Aranda de Duero, que también nació como asociación cultural, es inevitable, pero el devenir ha sido muy distinto. El pasado año, al Ebrovisión asistieron más de 23.000 personas, mientras que en el Sonarama de este año se cifran en más de 150.000 personas. «Con los años cada uno hemos tomado un camino diferente. Nosotros seguimos militando en nuestra postura de ser alternativos y ellos han optado por otra fórmula, que es totalmente loable, cada uno a lo suyo», apunta Molinero. Sin embargo, lejos de una lucha, el asociacionismo se lleva también a la práctica. «Somos grandes amigos y hay mucha sinergia», concluye.

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