‘El terreno está desestabilizado, sigue existiendo peligro de nuevas riadas’

‘El terreno está desestabilizado, sigue existiendo peligro de nuevas riadas’



Summarize this content to 100 words:

La tragedia ocurrida en la zona fronteriza entre Nepal y el Tíbet deja tras de sí un escenario especialmente complejo para los equipos de emergencia. La enorme cantidad de lodo y materiales arrastrados por la riada dificulta las labores de rescate y recuperación de los cuerpos, mientras los expertos advierten de que el peligro todavía no ha desaparecido.El geólogo y alpinista español Jerónimo López, gran conocedor del Himalaya y de la zona afectada, ha alertado de que las condiciones del terreno pueden favorecer nuevos desprendimientos y riadas. «Sigue existiendo el peligro de nuevas riadas porque ese terreno está desestabilizado», ha señalado a EFE. López considera que la prioridad en estos momentos es rescatar al mayor número posible de personas y recuperar los cuerpos de las víctimas. Sin embargo, esta segunda tarea puede resultar especialmente complicada. Las masas de lodo, explica, son muy difíciles de retirar una vez que se depositan y consolidan, por lo que algunos cuerpos podrían no llegar a ser localizados.El experto insiste además en que no debe descartarse la aparición de nuevos fenómenos derivados del primero. «Las laderas y el propio fondo del valle, aguas arriba de estas poblaciones, están desestabilizados. Y aguas abajo irán llegando los efectos sucesivamente», advierte.

Vehículos destruidos como consecuencia de la riada en NepalSafal Prakash Shrestha / NurPhoto vía Getty Images

Un fenómeno habitual en las grandes cordillerasLa secuencia que pudo desencadenar la catástrofe no es desconocida en el Himalaya. Según López, una ladera puede colapsar y desplazar una enorme cantidad de materiales hasta bloquear temporalmente un valle. El agua queda entonces retenida hasta que la barrera termina rompiéndose, generando una riada de gran capacidad destructiva.Aunque inicialmente se llegó a plantear que un terremoto podía estar detrás del desprendimiento, esta hipótesis ha sido descartada. Eso no significa que los movimientos sísmicos no constituyan un riesgo en la región. En las grandes cordilleras son frecuentes y pueden provocar deslizamientos de enormes dimensiones. Los valles presentan desniveles «tan enormes» que una masa de ricas, tierra y agua puede desplazarse miles de metros en muy poco tiempo. «Cuando estamos hablando de grandes montañas coronadas por glaciares, con desniveles muy abruptos, donde hay desprendimientos arriba, ese terreno se mezcla con agua de otras lagunas y desciende, a veces miles de metros de desnivel, a una velocidad tremenda de más de 200 kilómetros por hora», explica el geólogo a la agencia EFE.El resultado puede ser una corriente cargada de sedimentos y grandes bloques de roca. Esa mezcla, aparentemente negra en algunas imágenes, adquiere una enorme capacidad destructiva debido a la velocidad y al peso de los materiales que transporta.

Un edificio afectado por la riada que ha sufrido Nepal este 26 de agosto de 2026Safal Prakash Shrestha / NurPhoto vía Getty Images

El calentamiento también aumenta la vulnerabilidadPara López, la tragedia viene ligada al deterioro de las condiciones de estabilidad de las montañas como consecuencia del calentamiento global. «Debido al retroceso del hielo, a la degradación del permafrost, ese terreno helado que sostiene en cierta medida los bloques soldados, hay un ritmo creciente de deterioro. Nepal es especialmente sensible al calentamiento», sostiene.El propio alpinista lo comprobó durante su último viaje al país, el año pasado, cuando no pudo ascender a la montaña que tenía prevista debido precisamente a los desprendimientos de piedras.»La naturaleza tiene esa capacidad»López, primer español que ascendió a una montaña de más de 8.000 metros y expresidente del Comité Científico para la Investigación en la Antártida (SCAR), recuerda que los habitantes de estas regiones están expuestos a riesgos naturales difíciles de controlar. 
«La naturaleza tiene esa capacidad», afirma, antes de advertir de que la población se instala en territorios de acceso complicado y con una orografía extremadamente abrupta. A su juicio, además, el crecimiento del turismo y de los alojamientos en estas zonas puede incrementar la exposición al peligro si no existe una planificación adecuada. Por ello, considera necesario «evaluar los riesgos, ordenar el territorio» y establecer accesos de forma racional, contando con expertos y con criterios de seguridad.

La tragedia ocurrida en la zona fronteriza entre Nepal y el Tíbet deja tras de sí un escenario especialmente complejo para los equipos de emergencia. La enorme cantidad de lodo y materiales arrastrados por la riada dificulta las labores de rescate y recuperación de los cuerpos, mientras los expertos advierten de que el peligro todavía no ha desaparecido.

El geólogo y alpinista español Jerónimo López, gran conocedor del Himalaya y de la zona afectada, ha alertado de que las condiciones del terreno pueden favorecer nuevos desprendimientos y riadas. «Sigue existiendo el peligro de nuevas riadas porque ese terreno está desestabilizado», ha señalado a EFE. 

López considera que la prioridad en estos momentos es rescatar al mayor número posible de personas y recuperar los cuerpos de las víctimas. Sin embargo, esta segunda tarea puede resultar especialmente complicada. Las masas de lodo, explica, son muy difíciles de retirar una vez que se depositan y consolidan, por lo que algunos cuerpos podrían no llegar a ser localizados.

El experto insiste además en que no debe descartarse la aparición de nuevos fenómenos derivados del primero. «Las laderas y el propio fondo del valle, aguas arriba de estas poblaciones, están desestabilizados. Y aguas abajo irán llegando los efectos sucesivamente«, advierte.

Vehículos destruidos como consecuencia de la riada en Nepal

Vehículos destruidos como consecuencia de la riada en NepalSafal Prakash Shrestha / NurPhoto vía Getty Images

Un fenómeno habitual en las grandes cordilleras

La secuencia que pudo desencadenar la catástrofe no es desconocida en el Himalaya. Según López, una ladera puede colapsar y desplazar una enorme cantidad de materiales hasta bloquear temporalmente un valle. El agua queda entonces retenida hasta que la barrera termina rompiéndose, generando una riada de gran capacidad destructiva.

Aunque inicialmente se llegó a plantear que un terremoto podía estar detrás del desprendimiento, esta hipótesis ha sido descartada. Eso no significa que los movimientos sísmicos no constituyan un riesgo en la región. En las grandes cordilleras son frecuentes y pueden provocar deslizamientos de enormes dimensiones. Los valles presentan desniveles «tan enormes» que una masa de ricas, tierra y agua puede desplazarse miles de metros en muy poco tiempo. 

«Cuando estamos hablando de grandes montañas coronadas por glaciares, con desniveles muy abruptos, donde hay desprendimientos arriba, ese terreno se mezcla con agua de otras lagunas y desciende, a veces miles de metros de desnivel, a una velocidad tremenda de más de 200 kilómetros por hora», explica el geólogo a la agencia EFE.

El resultado puede ser una corriente cargada de sedimentos y grandes bloques de roca. Esa mezcla, aparentemente negra en algunas imágenes, adquiere una enorme capacidad destructiva debido a la velocidad y al peso de los materiales que transporta.

Un edificio afectado por la riada que ha sufrido Nepal este 26 de agosto de 2026

Un edificio afectado por la riada que ha sufrido Nepal este 26 de agosto de 2026Safal Prakash Shrestha / NurPhoto vía Getty Images

El calentamiento también aumenta la vulnerabilidad

Para López, la tragedia viene ligada al deterioro de las condiciones de estabilidad de las montañas como consecuencia del calentamiento global. «Debido al retroceso del hielo, a la degradación del permafrost, ese terreno helado que sostiene en cierta medida los bloques soldados, hay un ritmo creciente de deterioro. Nepal es especialmente sensible al calentamiento», sostiene.

El propio alpinista lo comprobó durante su último viaje al país, el año pasado, cuando no pudo ascender a la montaña que tenía prevista debido precisamente a los desprendimientos de piedras.

«La naturaleza tiene esa capacidad»

López, primer español que ascendió a una montaña de más de 8.000 metros y expresidente del Comité Científico para la Investigación en la Antártida (SCAR), recuerda que los habitantes de estas regiones están expuestos a riesgos naturales difíciles de controlar. 

«La naturaleza tiene esa capacidad», afirma, antes de advertir de que la población se instala en territorios de acceso complicado y con una orografía extremadamente abrupta. A su juicio, además, el crecimiento del turismo y de los alojamientos en estas zonas puede incrementar la exposición al peligro si no existe una planificación adecuada. Por ello, considera necesario «evaluar los riesgos, ordenar el territorio» y establecer accesos de forma racional, contando con expertos y con criterios de seguridad.

Share this post

Post Comment