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No se habla de otra cosa en los barrios de Hortaleza y Barajas. El estruendo de las máquinas sobre ruedas se hicieron notar durante las pruebas para el Gran Premio de Fórmula 1 de Madrid, conocido como MadRing. «Verás que después se quejarán del ruido de los chavales por la noche, pero este se escucha a kilómetros», apuntan vecinos de la carretera de Canillas. Ha sido el tema de verano y, ahora, a escasos días de que la fecha señalada llegue, muchos se esperan lo peor. «Ya verás el follón, van a venir aquí miles de personas, con los cochecitos sonando sin parar y toda la parafernalia. Va a ser insoportable», prevén. Desde Valdebebas y Las Cárcavas tan sólo necesitan dos palabras para definir su situación con contundencia: «Frustración e impotencia». «Ahora mismo, a pesar de que nos prometieron que solamente iba a ser durante tres días, estamos con cortes de tráfico, con retenciones, con atascos para salir del barrio y por todos lados…», describe Julio, de la asociación Stop F1 Madrid surgida a raíz de la situación del circuito, a El HuffPost. Durante las pruebas del circuito ya empezó a notar los efectos: «Estaba en la piscina y se escuchaba perfectamente. Y eso que yo tengo bastante distancia». Su situación, además, es especialmente desesperante. Este fin de semana tiene el cumpleaños de su hijo y su idea, como es costumbre, era invitar a la familia a su casa. «Va a ser realmente complicado que alguien pueda venir aquí, tengo que ver cómo me organizo. Cómo le voy a explicar a mi hijo que es su cumpleaños y no vienen sus primos», relata.Además de los problemas de retención, el Ayuntamiento de Madrid ha elaborado una especie de «visado» para que sólo los vecinos del barrio puedan acceder a la zona cercana a la Fórmula 1. «Estamos encerrados en una jaula. Ya ha sido así durante toda la semana, pero los días del Gran Premio se va a incrementar mucho más. Tanto la entrada como la salida, por los visados y los controles, van a ser costosas», describe. Todo ello coincide además con el inicio de colegios y universidades. «Esta zona de Madrid está mal comunicada, tan solo puedes acceder a una parada de metro si vas en bus y con los cortes de tráfico ‘La Odisea’ se queda corta», recalca.»Por ejemplo, en el caso de Valdebebas y Las Cárcavas, que no tienen instituto propio y tienen que desplazarse fuera del barrio, el autobús que lleva al instituto más cercano, el Castilla-Márquez, que está por Mar de Cristal, está sufriendo desvíos y retenciones. Entonces, para todos los chavales que tienen que ir al instituto, es un problema», explica recalcando que «los colegios cercanos, como La Huerta que está instalado en la zona de la M-40, también tienen problemas. Les han dicho que esta semana no pueden acceder en coche hasta el colegio, tendrán que aparcar al otro lado de la M-40 y cruzar para llevar a los hijos. Esto es un follón. Es mucho malestar».La Fórmula 1 se presenta como una oportunidad para Madrid, pero para Julio el relato del «evento puntual» oculta una factura mucho más elevada: «Esto no es para nada gratuito». Según sostiene, el coste rondaría los 400 millones de euros solo este año, mientras que el impacto no se quedará en las inmediaciones del circuito. El trazado urbano, denuncia, llevará ruido, restricciones y problemas de movilidad a distintos barrios, incluidos algunos situados al otro lado de la M-40. La crítica de Julio apunta así al modelo elegido por las administraciones para traer la Fórmula 1 a Madrid: «Convertir un entorno residencial en un circuito urbano y trasladar a los vecinos buena parte del coste y las consecuencias de un proyecto que se vende como motor económico y escaparate internacional de la ciudad, pero que es una condena para todos nosotros».Madrid, parque de atracciones
Circuito de Fórmula 1 en Madrid.Aaron Heredia
«Es muy triste que Madrid se haya convertido en un parque de atracciones. Yo tengo mi sitio en la ciudad y no quiero vivir en uno, pero las administraciones sólo apuntan a esa dirección», resume Julio con hartazgo. «Antes de esta reivindicación, muchos vecinos ya se quejaban del MadCool u otros festivales; ahora se ha trasladado eso a Villaverde y también hay quejas, más ahora con Shakira; los bloques pegados al Bernabéu tampoco quieren que, además del Real Madrid, el estadio se convierta en ruido todo el año; en el Metropolitano habrán estado hasta las narices de los conciertos de Bad Bunny…», enumera para reflejar una situación que atraviesa la capital: «Madrid ha dejado de ser la ciudad de todos para ser la ciudad de unos pocos».Gentrificación y «beneficio»Los negocios de Valdebebas tampoco tienen garantizado el supuesto beneficio económico que acompañará a la llegada de la Fórmula 1. Julio cuestiona que restaurantes y comercios puedan aprovechar el aumento de visitantes cuando, al mismo tiempo, se han impuesto restricciones de estacionamiento en buena parte del barrio. «Ayer vimos que ya empezaron a poner carteles de ‘prohibido aparcar’. Y no es la zona más cercana al circuito. Es prácticamente la mitad de Valdebebas», explica. A su juicio, si los vecinos no pueden aparcar y los accesos están condicionados, resulta difícil que el comercio local pueda beneficiarse: «No sé quién va a ir a los restaurantes de Valdebebas, quién va a consumir o a hacer algo allí si no va a tener forma de acceder».La denuncia de Julio va más allá de las molestias puntuales de la Fórmula 1 y apunta a una cuestión de prioridades en la inversión pública. Valdebebas comenzó a recibir a sus primeros vecinos en 2015 y, más de una década después, sigue esperando servicios básicos como un centro de salud y un instituto públicos. El barrio, que ya ronda los 40.000 habitantes y registra una elevada natalidad, no cuenta todavía con plazas educativas suficientes ni con un centro sanitario operativo. «Tenemos una natalidad de unos 500 niños por año y no dan abasto», señala Julio, que considera que el crecimiento residencial no ha ido acompañado de las infraestructuras necesarias para atender a quienes viven allí.El contraste con la rapidez con la que se han ejecutado otros proyectos es, para Julio, especialmente significativo. «Siempre se ha dicho que la Administración es muy lenta, que hay que hacer los pasos, que hay que cumplir los procedimientos, que no había forma, que se tarda». Sin embargo, «de repente, en un año y medio, se construye el circuito». Y pone otro ejemplo: «El Hospital Zendal se hizo en tres meses». Frente a esa velocidad para levantar grandes infraestructuras vinculadas a decisiones políticas concretas, denuncia que Valdebebas lleve años esperando equipamientos básicos. «Es difícil porque, al final, solamente se invierte para hacer las cosas que a ellos le interesan. Pero luego, lo que realmente necesitamos en el día a día no lo tenemos», resume.La llegada de la Fórmula 1 también está acelerando, según Julio, la transformación residencial de Valdebebas. El barrio ya ha incorporado miles de viviendas de uso turístico tras la modificación de las ordenanzas municipales. «Valdebebas se planificó para unas 10.000 o 12.000 viviendas y las de uso turístico, por este tipo de eventos, ya van por las 10.000», cuenta. Ante el Gran Premio, algunos vecinos han comenzado a ofrecer sus viviendas y plazas de garaje para alquilarlas durante el fin de semana. «Hay vecinos que anuncian: ‘Alquilo mi piso’, ‘alquilo garaje’, interesados, privado», explica. Julio reconoce que algunos residentes ven en el evento una oportunidad para obtener ingresos, pero cuestiona que resulte realmente rentable y, sobre todo, que se asuma el riesgo de dejar la vivienda a desconocidos. «Yo no dejaría mi casa, por mucho que me paguen 3.000 euros el fin de semana, para encontrarme después con que tengo que hacer una reforma o arreglar desperfectos», señala. Y resume la contradicción que existe en este fenómeno: «Temen a los okupas, pero dejan su vivienda a desconocidos por un fin de semana. Es llamativo».Un dilema llamado IFEMA
IFEMA, Madrid.Cristina Arias
La crítica de Stop F1 Madrid no se limita al impacto sobre los vecinos. Julio cuestiona incluso que el proyecto sea compatible con uno de los principales motores económicos de la capital: IFEMA. El circuito ocupará durante una década un espacio cuya ampliación, sostiene, quedará condicionada por la Fórmula 1. «Cuando tú estás hipotecando la ampliación de IFEMA porque durante diez años tienes un circuito de Fórmula 1, ya no vas a poder ampliar y sacar más beneficio a un motor económico asentado como es el turismo y la producción de ferias», señala. El problema es precisamente la falta de una visión a largo plazo: apostar por un gran evento mientras se condicionan otras actividades económicas y se retrasan servicios esenciales para los residentes. «¿Qué va a sacar Madrid de la F1? Es algo que nadie es capaz de responder», concluye.
Durante unos días, los motores rugirán sobre Valdebebas, pero serán los vecinos quienes tengan que convivir con el ruido, los cortes y las restricciones. Mientras colegios, institutos y centros de salud siguen esperando, la Fórmula 1 avanza a toda velocidad. Entre el espectáculo y la vida cotidiana, quedan los vecinos, obligados a pagar con su tranquilidad el precio de una carrera que no eligieron y que representa un síntoma más del «parque de atracciones» en el que se está convirtiendo Madrid. El domingo 13 de septiembre habrá una concentración precisamente para denunciar la situación.
No se habla de otra cosa en los barrios de Hortaleza y Barajas. El estruendo de las máquinas sobre ruedas se hicieron notar durante las pruebas para el Gran Premio de Fórmula 1 de Madrid, conocido como MadRing. «Verás que después se quejarán del ruido de los chavales por la noche, pero este se escucha a kilómetros«, apuntan vecinos de la carretera de Canillas.
Ha sido el tema de verano y, ahora, a escasos días de que la fecha señalada llegue, muchos se esperan lo peor. «Ya verás el follón, van a venir aquí miles de personas, con los cochecitos sonando sin parar y toda la parafernalia. Va a ser insoportable», prevén. Desde Valdebebas y Las Cárcavas tan sólo necesitan dos palabras para definir su situación con contundencia: «Frustración e impotencia».
«Ahora mismo, a pesar de que nos prometieron que solamente iba a ser durante tres días, estamos con cortes de tráfico, con retenciones, con atascos para salir del barrio y por todos lados…», describe Julio, de la asociación Stop F1 Madrid surgida a raíz de la situación del circuito, a El HuffPost. Durante las pruebas del circuito ya empezó a notar los efectos: «Estaba en la piscina y se escuchaba perfectamente. Y eso que yo tengo bastante distancia». Su situación, además, es especialmente desesperante. Este fin de semana tiene el cumpleaños de su hijo y su idea, como es costumbre, era invitar a la familia a su casa. «Va a ser realmente complicado que alguien pueda venir aquí, tengo que ver cómo me organizo. Cómo le voy a explicar a mi hijo que es su cumpleaños y no vienen sus primos», relata.
Además de los problemas de retención, el Ayuntamiento de Madrid ha elaborado una especie de «visado» para que sólo los vecinos del barrio puedan acceder a la zona cercana a la Fórmula 1. «Estamos encerrados en una jaula. Ya ha sido así durante toda la semana, pero los días del Gran Premio se va a incrementar mucho más. Tanto la entrada como la salida, por los visados y los controles, van a ser costosas», describe. Todo ello coincide además con el inicio de colegios y universidades. «Esta zona de Madrid está mal comunicada, tan solo puedes acceder a una parada de metro si vas en bus y con los cortes de tráfico ‘La Odisea’ se queda corta», recalca.
«Por ejemplo, en el caso de Valdebebas y Las Cárcavas, que no tienen instituto propio y tienen que desplazarse fuera del barrio, el autobús que lleva al instituto más cercano, el Castilla-Márquez, que está por Mar de Cristal, está sufriendo desvíos y retenciones. Entonces, para todos los chavales que tienen que ir al instituto, es un problema», explica recalcando que «los colegios cercanos, como La Huerta que está instalado en la zona de la M-40, también tienen problemas. Les han dicho que esta semana no pueden acceder en coche hasta el colegio, tendrán que aparcar al otro lado de la M-40 y cruzar para llevar a los hijos. Esto es un follón. Es mucho malestar».
La Fórmula 1 se presenta como una oportunidad para Madrid, pero para Julio el relato del «evento puntual» oculta una factura mucho más elevada: «Esto no es para nada gratuito». Según sostiene, el coste rondaría los 400 millones de euros solo este año, mientras que el impacto no se quedará en las inmediaciones del circuito.
El trazado urbano, denuncia, llevará ruido, restricciones y problemas de movilidad a distintos barrios, incluidos algunos situados al otro lado de la M-40. La crítica de Julio apunta así al modelo elegido por las administraciones para traer la Fórmula 1 a Madrid: «Convertir un entorno residencial en un circuito urbano y trasladar a los vecinos buena parte del coste y las consecuencias de un proyecto que se vende como motor económico y escaparate internacional de la ciudad, pero que es una condena para todos nosotros».
Madrid, parque de atracciones

Circuito de Fórmula 1 en Madrid.
«Es muy triste que Madrid se haya convertido en un parque de atracciones. Yo tengo mi sitio en la ciudad y no quiero vivir en uno, pero las administraciones sólo apuntan a esa dirección», resume Julio con hartazgo.
«Antes de esta reivindicación, muchos vecinos ya se quejaban del MadCool u otros festivales; ahora se ha trasladado eso a Villaverde y también hay quejas, más ahora con Shakira; los bloques pegados al Bernabéu tampoco quieren que, además del Real Madrid, el estadio se convierta en ruido todo el año; en el Metropolitano habrán estado hasta las narices de los conciertos de Bad Bunny…», enumera para reflejar una situación que atraviesa la capital: «Madrid ha dejado de ser la ciudad de todos para ser la ciudad de unos pocos».
Gentrificación y «beneficio»
Los negocios de Valdebebas tampoco tienen garantizado el supuesto beneficio económico que acompañará a la llegada de la Fórmula 1. Julio cuestiona que restaurantes y comercios puedan aprovechar el aumento de visitantes cuando, al mismo tiempo, se han impuesto restricciones de estacionamiento en buena parte del barrio.
«Ayer vimos que ya empezaron a poner carteles de ‘prohibido aparcar’. Y no es la zona más cercana al circuito. Es prácticamente la mitad de Valdebebas», explica. A su juicio, si los vecinos no pueden aparcar y los accesos están condicionados, resulta difícil que el comercio local pueda beneficiarse: «No sé quién va a ir a los restaurantes de Valdebebas, quién va a consumir o a hacer algo allí si no va a tener forma de acceder».
La denuncia de Julio va más allá de las molestias puntuales de la Fórmula 1 y apunta a una cuestión de prioridades en la inversión pública. Valdebebas comenzó a recibir a sus primeros vecinos en 2015 y, más de una década después, sigue esperando servicios básicos como un centro de salud y un instituto públicos. El barrio, que ya ronda los 40.000 habitantes y registra una elevada natalidad, no cuenta todavía con plazas educativas suficientes ni con un centro sanitario operativo. «Tenemos una natalidad de unos 500 niños por año y no dan abasto«, señala Julio, que considera que el crecimiento residencial no ha ido acompañado de las infraestructuras necesarias para atender a quienes viven allí.
El contraste con la rapidez con la que se han ejecutado otros proyectos es, para Julio, especialmente significativo. «Siempre se ha dicho que la Administración es muy lenta, que hay que hacer los pasos, que hay que cumplir los procedimientos, que no había forma, que se tarda». Sin embargo, «de repente, en un año y medio, se construye el circuito». Y pone otro ejemplo: «El Hospital Zendal se hizo en tres meses».
Frente a esa velocidad para levantar grandes infraestructuras vinculadas a decisiones políticas concretas, denuncia que Valdebebas lleve años esperando equipamientos básicos. «Es difícil porque, al final, solamente se invierte para hacer las cosas que a ellos le interesan. Pero luego, lo que realmente necesitamos en el día a día no lo tenemos», resume.
La llegada de la Fórmula 1 también está acelerando, según Julio, la transformación residencial de Valdebebas. El barrio ya ha incorporado miles de viviendas de uso turístico tras la modificación de las ordenanzas municipales. «Valdebebas se planificó para unas 10.000 o 12.000 viviendas y las de uso turístico, por este tipo de eventos, ya van por las 10.000«, cuenta. Ante el Gran Premio, algunos vecinos han comenzado a ofrecer sus viviendas y plazas de garaje para alquilarlas durante el fin de semana. «Hay vecinos que anuncian: ‘Alquilo mi piso’, ‘alquilo garaje’, interesados, privado», explica.
Julio reconoce que algunos residentes ven en el evento una oportunidad para obtener ingresos, pero cuestiona que resulte realmente rentable y, sobre todo, que se asuma el riesgo de dejar la vivienda a desconocidos. «Yo no dejaría mi casa, por mucho que me paguen 3.000 euros el fin de semana, para encontrarme después con que tengo que hacer una reforma o arreglar desperfectos», señala. Y resume la contradicción que existe en este fenómeno: «Temen a los okupas, pero dejan su vivienda a desconocidos por un fin de semana. Es llamativo».
Un dilema llamado IFEMA

IFEMA, Madrid.
La crítica de Stop F1 Madrid no se limita al impacto sobre los vecinos. Julio cuestiona incluso que el proyecto sea compatible con uno de los principales motores económicos de la capital: IFEMA. El circuito ocupará durante una década un espacio cuya ampliación, sostiene, quedará condicionada por la Fórmula 1. «Cuando tú estás hipotecando la ampliación de IFEMA porque durante diez años tienes un circuito de Fórmula 1, ya no vas a poder ampliar y sacar más beneficio a un motor económico asentado como es el turismo y la producción de ferias», señala.
El problema es precisamente la falta de una visión a largo plazo: apostar por un gran evento mientras se condicionan otras actividades económicas y se retrasan servicios esenciales para los residentes. «¿Qué va a sacar Madrid de la F1? Es algo que nadie es capaz de responder», concluye.
Durante unos días, los motores rugirán sobre Valdebebas, pero serán los vecinos quienes tengan que convivir con el ruido, los cortes y las restricciones. Mientras colegios, institutos y centros de salud siguen esperando, la Fórmula 1 avanza a toda velocidad. Entre el espectáculo y la vida cotidiana, quedan los vecinos, obligados a pagar con su tranquilidad el precio de una carrera que no eligieron y que representa un síntoma más del «parque de atracciones» en el que se está convirtiendo Madrid. El domingo 13 de septiembre habrá una concentración precisamente para denunciar la situación.