la gente se está besando menos desde la pandemia y eso ‘implica menos conexión social y menos compromiso’

la gente se está besando menos desde la pandemia y eso ‘implica menos conexión social y menos compromiso’



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La pandemia terminó hace años, pero algunas de sus secuelas siguen más presentes de lo que pensamos. Cambiamos nuestra forma de trabajar, de relacionarnos y hasta de conocer gente, y recuperar aquella normalidad no está siendo tan sencillo como parecía. Ahora, una investigadora pone el foco en un detalle tan cotidiano como revelador: cada vez nos besamos menos y detrás de ese gesto podría esconderse algo más que un simple cambio en nuestras costumbres.Los datos empiezan a dibujar un escenario preocupante. Una encuesta reciente realizada en Reino Unido revela que el 35% de los adultos asegura que se besa románticamente menos que hace cinco años y casi uno de cada cinco afirma llevar más de un año sin recibir un beso. El fenómeno afecta especialmente a los jóvenes, que reconocen sentirse inseguros ante la posibilidad de dar el primer paso.Según la encuesta de YouGov, que ha sido recogida por The Guardian, entre los jóvenes de 18 a 24 años existe una preocupación especial por encontrar el “momento adecuado” para besar o por hacerlo mal, mientras que alrededor de un tercio reconoce haber evitado un beso por falta de confianza. Para quienes han tenido pocas experiencias románticas, dar ese primer paso puede convertirse en una situación mucho más intimidante de lo que era para generaciones anteriores.

 

Una pareja besándose.Getty Images

Una pérdida de habilidades socialesEl aislamiento, la reducción de los encuentros cara a cara y el cierre de bares y otros espacios de socialización que provocó la pandemia de COVID-19 interrumpieron durante meses las situaciones en las que surgían de forma natural nuevas relaciones. Además, para algunos jóvenes, aquella etapa terminó consolidando un estilo de vida más doméstico y una mayor dependencia de las pantallas.Pero el problema podría ir mucho más allá de la intimidad romántica. La investigadora social Sarah Stein Lubrano relaciona este fenómeno con una pérdida más amplia de habilidades sociales. «La gente no habla con desconocidos ni se invita a salir», asegura. Desde esta perspectiva, el descenso de los besos sería un síntoma de una sociedad en la que cada vez existen menos oportunidades para relacionarse cara a cara.
Tal y como explica la teórica, su declive debería preocuparnos a todos, “no porque todos necesitemos tener relaciones románticas, sino porque, en general, significa menos conexión social, menos compromiso, menos sentido de pertenencia”. Al final, quizá el problema no sea que nos besemos menos, sino que cada vez nos cuesta más encontrar momentos para conectar de verdad con los demás.

La pandemia terminó hace años, pero algunas de sus secuelas siguen más presentes de lo que pensamos. Cambiamos nuestra forma de trabajar, de relacionarnos y hasta de conocer gente, y recuperar aquella normalidad no está siendo tan sencillo como parecía. Ahora, una investigadora pone el foco en un detalle tan cotidiano como revelador: cada vez nos besamos menos y detrás de ese gesto podría esconderse algo más que un simple cambio en nuestras costumbres.

Los datos empiezan a dibujar un escenario preocupante. Una encuesta reciente realizada en Reino Unido revela que el 35% de los adultos asegura que se besa románticamente menos que hace cinco años y casi uno de cada cinco afirma llevar más de un año sin recibir un beso. El fenómeno afecta especialmente a los jóvenes, que reconocen sentirse inseguros ante la posibilidad de dar el primer paso.

Según la encuesta de YouGov, que ha sido recogida por The Guardian, entre los jóvenes de 18 a 24 años existe una preocupación especial por encontrar el “momento adecuado” para besar o por hacerlo mal, mientras que alrededor de un tercio reconoce haber evitado un beso por falta de confianza. Para quienes han tenido pocas experiencias románticas, dar ese primer paso puede convertirse en una situación mucho más intimidante de lo que era para generaciones anteriores.

Una pareja besándose.

 

Una pareja besándose.Getty Images

Una pérdida de habilidades sociales

El aislamiento, la reducción de los encuentros cara a cara y el cierre de bares y otros espacios de socialización que provocó la pandemia de COVID-19 interrumpieron durante meses las situaciones en las que surgían de forma natural nuevas relaciones. Además, para algunos jóvenes, aquella etapa terminó consolidando un estilo de vida más doméstico y una mayor dependencia de las pantallas.

Pero el problema podría ir mucho más allá de la intimidad romántica. La investigadora social Sarah Stein Lubrano relaciona este fenómeno con una pérdida más amplia de habilidades sociales. «La gente no habla con desconocidos ni se invita a salir», asegura. Desde esta perspectiva, el descenso de los besos sería un síntoma de una sociedad en la que cada vez existen menos oportunidades para relacionarse cara a cara.

Tal y como explica la teórica, su declive debería preocuparnos a todos, “no porque todos necesitemos tener relaciones románticas, sino porque, en general, significa menos conexión social, menos compromiso, menos sentido de pertenencia”. Al final, quizá el problema no sea que nos besemos menos, sino que cada vez nos cuesta más encontrar momentos para conectar de verdad con los demás.

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