Los jueves en el Congreso

Los jueves en el Congreso


Las semanas plenarias suelen prolongarse a lo largo de tres días, siendo el martes por la tarde el primero de ellos y en el que se dedica a debatir las proposiciones no de ley y las proposiciones de ley de los grupos que entran en el ciclo parlamentario. Y, también, se debaten las mociones que las fuerzas políticas presentan para posicionarnos sobre diferentes cuestiones.

Como mucha gente conoce, porque a diferencia de la labor de los martes este día tiene más seguimiento mediático, los miércoles es el día del control al Gobierno, donde éste, encabezado por su presidente, se somete a las preguntas (no en pocas ocasiones de redactado genérico cuando se registran, y que luego nada tienen que ver a la hora de ser preguntadas en el Pleno) de los grupos parlamentarios de la oposición.

También vemos las interpelaciones de los grupos a los miembros del Gobierno, debates donde, en dos turnos, el ministro correspondiente debate con un diputado del grupo proponente.

A lo largo de estos dos días, en los momentos en que no hay sesión plenaria (también los lunes y los viernes), el Congreso es un ir y venir constante de diputados y diputadas en las diferentes salas de trabajo que hay repartidas entre el edificio principal -llamado Palacio- y las demás ampliaciones del recinto parlamentario, asistiendo a las convocatorias de las más de treinta comisiones parlamentarias que hay constituidas en este mandato.

Si no hay Sesión en marcha, es muy probable que se estén desarrollando comisiones con comparecencias de miembros del Gobierno, debatiendo las proposiciones no de ley de los grupos, o debatiendo las iniciativas legislativas que han entrado en el ciclo parlamentario.

Hay más cosas (comisiones de investigación, comparecencias de entidades y asociaciones en determinados proyectos de ley, entre otras), pero uno puede hacerse a la idea, sobretodo para los grupos más pequeños de la Cámara que han de multiplicar su presencia para llegar a las diferentes comisiones que se suelen solapar, del trajín parlamentario que se desarrolla a lo largo de esos días de la semana.

Durante los últimos días he leído en algunos medios que en el Congreso se había instalado la bronca, el desprecio, las malas formas, la grosería, incluso el insulto. No seré yo quien niegue esta realidad en su concepto macro. Pero sí que objeto respecto al hecho de repartir las culpas y responsabilidades entre todos los miembros que asistimos a los trabajos parlamentarios.

Hay unos que faltan al respeto y otros que son faltados al respeto. Hay unos que seguimos en silencio las intervenciones de los demás y hay otros que se comportan como “hooligans”

Hay unos que faltan al respeto y otros que son faltados al respeto. Hay unos que seguimos en silencio las intervenciones de los demás y hay otros que se comportan como hooligans. Hay unos que guardan el decoro y otros que no.
Generalizar es dar carta de naturaleza a una actuación que, si bien siempre ha tenido protagonistas destacados en nuestra historia parlamentaria, la entrada de la ultra derecha en el Congreso ha llevado a su máximo apogeo.

En estos días hemos visto que la tarea parlamentaria desarrolla en bastantes ocasiones, bajo un intenso despliegue oral y gesticular de malas formas, faltas al respeto, lanzamiento de acusaciones y directamente insultos.

El pasado miércoles, el mismo jefe de la oposición, ejerciendo de acomplejado seguidor de la ultraderecha, acababa su intervención en la sesión de control dando un manotazo al micro (no es el único ni la primera vez que se hace), en un gesto más de impotencia que de capacidad, más de mala educación que de liderazgo.

Intervención a la que sus filas se vieron obligadas a aplaudir en pie ante la cara malhumorada de su jefe, que constituye el fiel reflejo de la incapacidad del Partido Popular de salir del marco instalado por Vox, degradando el papel de oposición al de gruñón.

Es el epílogo de un liderazgo parlamentario que se ha ido desgajando a lo largo de los tres últimos años bajo la mirada de sus correligionarios que, ante la evidencia del nulo rumbo en el que se ven dirigidos, ven en el aplauso colectivo la manifestación del canto del cisne.

Pero este artículo se titula: “los jueves en el Congreso”. ¿Y qué pasa los jueves? ¿Acaso cesan las malas formas, acaso los debates se desarrollan bajo
una menor lluvia de improperios?, ¿acaso se crea un ambiente diferente? No. Todo sigue igual pero con una diferencia.

Los jueves se aprueban leyes.

Los jueves el poder legislativo, la cámara del Congreso con la mayoría parlamentaria que sustenta al Gobierno, cierra el ciclo de las iniciativas legislativas y las aprueba. Las manda al Senado y luego al Boletín Oficial del Estado.

Los jueves se transforma el país.

Los jueves, bajo el eterno rechazo de la derecha a las reformas, los diputados y diputadas salimos aun más con la sensación de haber realizado el trabajo para el que hemos sido elegidos.

Los jueves, bajo el eterno rechazo de la derecha a las reformas, los diputados y diputadas salimos aun más con la sensación de haber realizado el trabajo para el que hemos sido elegidos

Los jueves los ciento veinte diputados y diputadas del Grupo Parlamentario Socialista aplaudimos, pero esta vez no por un golpe en el micro, sino por una norma más que se incorpora a nuestro ordenamiento y hace crecer la protección y los derechos de todos.

Los jueves las palabras se alzan por encima de los insultos.

Escribo estas líneas un jueves por la tarde, de camino a mi domicilio, en mi circunscripción de Barcelona. Un día en el que el Congreso ha concluido la tramitación del Ingreso Mínimo Vital y de la Ley de la Formación Profesional.

Los jueves somos un país un poco mejor. Protegiendo a los más vulnerables y relanzando la educación.

Es un jueves más que avanzamos en igualdad y justicia social. Otros jueves han sido otras leyes, otros temas, más de treinta, y vendrán más jueves en el futuro, con nuevos derechos, con nuevas libertades.

Porque, al final, unos chillan y desprecian de lunes a viernes, otros trabajamos todos esos días, y los jueves avanzamos en derechos.

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