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En los gobiernos siempre han habido discrepancias. Que se lo digan a Mariano Rajoy, por ejemplo. Su gabinete estaba prácticamente roto por la mitad con Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal como líderes irreconciliables en la sombra. Y estos choques son aún más normales en un Ejecutivo de coalición como el de Pedro Sánchez. Primero Pablo Iglesias y después Yolanda Díaz han dado buena prueba de ello. Pero la crisis en Ceuta ha provocado un salto cualitativo situando a Margarita Robles en la diana de sus compañeros.Robles lleva al lado de Sánchez desde que éste llegara a la Moncloa. El presidente le dio el control del Centro Nacional de Inteligencia además de la cartera de Defensa. Y siempre ha tenido un perfil propio aunque esto haya generado cierta controversia entre otros ministros. Si bien, algo parece haberse roto en esa relación en las últimas semanas, como quedó en evidencia en el pleno del jueves, el primero en el que Sánchez daba explicaciones por la avalancha migratoria.Distintas voces del PSOE sostienen e la «intencionalidad» de Robles. «Sabía lo que hacía», en voz de un alto cargo. La ministra decidió no sumarse a la ovación de la bancada socialista al presidente, y ello rápidamente se convirtió en una de las imágenes de la jornada. Sí aplaudió, pero no mucho ni con muchas ganas. «Ella no es muy dada a aplaudir de forma recurrente durante las intervenciones. Escucha y espera al final», aducen en su entorno.Algunos de sus colegas en el Consejo de Ministros, al comprobar in situ lo que estaba ocurriendo, se revolvieron. Pocos minutos después, uno de ellos escribió: «No ha aplaudido nada, no sé que hace aquí Margarita». Y otro ministro, también socialista, añadía: «Solo se interesa por ella». En privado, en Moncloa rechazan que haya «una división» en la parte PSOE del Gobierno: «Es ella y el resto», zanjan las fuentes consultadas por El HuffPost.Unos escaños más arriba, un diputado socialista describe lo que ocurrió: «Nos quedamos flipando, la verdad. Además, es Robles que no se habló prácticamente con nadie de la bancada azul». También lo vio Gabriel Rufián, que lo llegó a verbalizar desde la tribuna de oradores, mirando al presidente: «Aquí ha aplaudido casi todo el mundo de esta bancada, menos una persona, la señora Robles. Tiene usted un problemón importante. Y no hace falta que yo aquí siga explicando el porqué».La crisis se lleva fraguando bastante tiempo, aunque la ruptura definitiva haya llegado con Ceuta. Ya molestó internamente que se saltara el protocolo para saludar a los ceutíes mientras al resto les abucheaban. «Siempre se tiene que hacer notar», deslizaron entonces. Y el cruce de versiones sobre los informes del CNI respecto a la avalancha acabaron por caldear el ambiente. «Miente. Para quedar bien ella, no ha dudado en faltar a la verdad y dejar tirado a Marlaska», según la tesis de un ministro. Ángel Víctor Torres, Félix Bolaños e incluso Carlos Cuerpo se alinearon públicamente con el titular de Interior.»No» se va a achantar, avisan en todo caso desde el entorno de Robles, que destacan «el respaldo» que está recibiendo tanto de los Ejércitos como del CNI. «Hay cosas que están ahí y ella se niega a tratar a la gente como tonta. El sentido común es el mejor de los sentidos y cada uno es dueño de sus palabras y también de sus silencios», aseguran desde su equipo. Y nada apunta a que Sánchez le vaya a dejar caer o que esté pensando en hacer a un lado. «No creo que haya cambios en el CNI», constata uno de los ministros más críticos.Sin noticias de la moción
Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso el jueves 3 de septiembre.Europa Press via Getty Images
Desde el Partido Popular ven este episodio, y también la patente soledad de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, como un ejemplo más de fin de ciclo. «Robles es muy inteligente y está midiendo sus pasos porque todo está judicializado», sugieren en la dirección nacional. Y creen que hasta el propio presidente «puede tener problemas con la Justicia», como llegó a sugerir Alberto Núñez Feijóo desde la tribuna.
Lo que no se mueven son los votos para sacar adelante la moción de censura. Sánchez nunca ha estado más solo en la Cámara pero esto no cambia la aritmética. «Nada de nada. Estamos exactamente igual que antes de verano», inciden en Génova. Si bien, hay voces en el partido que siguen opinando que esa moción se tiene que presentar, como también exige Vox. «Hay que perder ese miedo que existe a presentarla aunque sea para perderla», dice un líder regional, que apunta al próximo año. Feijóo lleva meses coqueteando con Junts pero aún no ha logrado su apoyo.
En los gobiernos siempre han habido discrepancias. Que se lo digan a Mariano Rajoy, por ejemplo. Su gabinete estaba prácticamente roto por la mitad con Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal como líderes irreconciliables en la sombra. Y estos choques son aún más normales en un Ejecutivo de coalición como el de Pedro Sánchez. Primero Pablo Iglesias y después Yolanda Díaz han dado buena prueba de ello. Pero la crisis en Ceuta ha provocado un salto cualitativo situando a Margarita Robles en la diana de sus compañeros.
Robles lleva al lado de Sánchez desde que éste llegara a la Moncloa. El presidente le dio el control del Centro Nacional de Inteligencia además de la cartera de Defensa. Y siempre ha tenido un perfil propio aunque esto haya generado cierta controversia entre otros ministros. Si bien, algo parece haberse roto en esa relación en las últimas semanas, como quedó en evidencia en el pleno del jueves, el primero en el que Sánchez daba explicaciones por la avalancha migratoria.
Distintas voces del PSOE sostienen e la «intencionalidad» de Robles. «Sabía lo que hacía», en voz de un alto cargo. La ministra decidió no sumarse a la ovación de la bancada socialista al presidente, y ello rápidamente se convirtió en una de las imágenes de la jornada. Sí aplaudió, pero no mucho ni con muchas ganas. «Ella no es muy dada a aplaudir de forma recurrente durante las intervenciones. Escucha y espera al final», aducen en su entorno.
Algunos de sus colegas en el Consejo de Ministros, al comprobar in situ lo que estaba ocurriendo, se revolvieron. Pocos minutos después, uno de ellos escribió: «No ha aplaudido nada, no sé que hace aquí Margarita». Y otro ministro, también socialista, añadía: «Solo se interesa por ella». En privado, en Moncloa rechazan que haya «una división» en la parte PSOE del Gobierno: «Es ella y el resto», zanjan las fuentes consultadas por El HuffPost.
Unos escaños más arriba, un diputado socialista describe lo que ocurrió: «Nos quedamos flipando, la verdad. Además, es Robles que no se habló prácticamente con nadie de la bancada azul». También lo vio Gabriel Rufián, que lo llegó a verbalizar desde la tribuna de oradores, mirando al presidente: «Aquí ha aplaudido casi todo el mundo de esta bancada, menos una persona, la señora Robles. Tiene usted un problemón importante. Y no hace falta que yo aquí siga explicando el porqué».
La crisis se lleva fraguando bastante tiempo, aunque la ruptura definitiva haya llegado con Ceuta. Ya molestó internamente que se saltara el protocolo para saludar a los ceutíes mientras al resto les abucheaban. «Siempre se tiene que hacer notar», deslizaron entonces. Y el cruce de versiones sobre los informes del CNI respecto a la avalancha acabaron por caldear el ambiente. «Miente. Para quedar bien ella, no ha dudado en faltar a la verdad y dejar tirado a Marlaska», según la tesis de un ministro. Ángel Víctor Torres, Félix Bolaños e incluso Carlos Cuerpo se alinearon públicamente con el titular de Interior.
«No» se va a achantar, avisan en todo caso desde el entorno de Robles, que destacan «el respaldo» que está recibiendo tanto de los Ejércitos como del CNI. «Hay cosas que están ahí y ella se niega a tratar a la gente como tonta. El sentido común es el mejor de los sentidos y cada uno es dueño de sus palabras y también de sus silencios», aseguran desde su equipo. Y nada apunta a que Sánchez le vaya a dejar caer o que esté pensando en hacer a un lado. «No creo que haya cambios en el CNI», constata uno de los ministros más críticos.
Sin noticias de la moción

Alberto Núñez Feijóo, en el Congreso el jueves 3 de septiembre.
Desde el Partido Popular ven este episodio, y también la patente soledad de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados, como un ejemplo más de fin de ciclo. «Robles es muy inteligente y está midiendo sus pasos porque todo está judicializado«, sugieren en la dirección nacional. Y creen que hasta el propio presidente «puede tener problemas con la Justicia», como llegó a sugerir Alberto Núñez Feijóo desde la tribuna.
Lo que no se mueven son los votos para sacar adelante la moción de censura. Sánchez nunca ha estado más solo en la Cámara pero esto no cambia la aritmética. «Nada de nada. Estamos exactamente igual que antes de verano«, inciden en Génova. Si bien, hay voces en el partido que siguen opinando que esa moción se tiene que presentar, como también exige Vox. «Hay que perder ese miedo que existe a presentarla aunque sea para perderla», dice un líder regional, que apunta al próximo año. Feijóo lleva meses coqueteando con Junts pero aún no ha logrado su apoyo.