Por qué China es una pieza clave en la nueva ofensiva económica de Trump contra Irán

Por qué China es una pieza clave en la nueva ofensiva económica de Trump contra Irán



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Estados Unidos ha intensificado -y de qué manera- su presión sobre Irán con el lanzamiento de la denominada Operación Paria Económico (Operation Economic Outcast), una batería de sanciones diseñada para asfixiar las finanzas iraníes y cortar de raíz sus ingresos comerciales. Sin embargo, en el centro de la efectividad de este cerco financiero no están únicamente Teherán o Washington, sino Pekín. China se ha consolidado durante años como el principal comprador del crudo iraní y ahora las advertencias de la Casa Blanca sobre sanciones secundarias si negocia con su socio de siempre sitúan al gigante asiático ante una compleja encrucijada energética y geopolítica.El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, advirtió anoche de que los países que mantengan vínculos comerciales con Teherán se arriesgan a quedar excluidos del sistema financiero basado en el dólar estadounidense. En una comparecencia ante los medios, Bessent definió sus planes como una campaña integral cuyo objetivo es «cortar cada salvavidas económico que sostiene a este régimen hasta que Teherán quede aislado».Al ser preguntado específicamente sobre la posibilidad de sancionar a entidades bancarias chinas, Bessent fue tajante: «Nadie está por encima del alcance de las sanciones estadounidenses». Asimismo, señaló que el Gobierno que encabeza Donald Trump busca fijar expectativas con Pekín mediante una «diplomacia discreta».¿Cómo llega el petróleo iraní a China?A pesar de que las grandes petroleras estatales chinas dejaron de adquirir crudo iraní de forma directa desde 2019 para evitar represalias en los mercados financieros internacionales en dólares, el comercio continuó a través de un circuito alternativo, sobre todo con las llamadas teapots, refinerías independientes ubicadas principalmente en la provincia oriental de Shandong. Esos complejos han sido los principales clientes del petróleo iraní, atraídos por los atractivos descuentos frente a los precios de referencia internacionales.También se han apoyado los dos amigos en redes opacas y monedas locales. Por ejemplo, el crudo iraní a menudo se reetiqueta en origen marítimo como procedente de Malasia o Indonesia, se liquida directamente en yuanes (que es la moneda china) y opera mediante redes complejas de intermediarios para eludir la detección financiera internacional.Aunque las sanciones anteriores apenas lograron frenar este flujo -tanto desde que empezó la guerra, en febrero pasado, como en años previos-, las recientes medidas, el bloqueo naval de los puertos iraníes y el estrechamiento de Ormuz han comenzado a hacer mella. Según datos de seguimiento de buques de la consultora Kpler citados por The Guardian, las importaciones chinas de crudo iraní pasaron de 1,57 millones de barriles diarios en febrero a 785.000 en junio, con un repunte a 823.000 en julio y una posterior caída a 534.000 barriles diarios en los registros provisionales de agosto.

Un trabajador llena el tanque de un automóvil en una gasolinera, el 23 de marzo de 2026, en Pekín (China).Lintao Zhang / Getty Images

La respuestaDesde Pekín, la respuesta a la iniciativa estadounidense ha sido la esperada. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian, afirmó que la cooperación entre China e Irán se desarrolla estrictamente dentro del marco del derecho internacional y no debe ser interrumpida ni obstaculizada. «Las guerras económicas y la máxima presión no son la solución», declaró Lin, advirtiendo de que estas medidas unilaterales amenazan con perturbar el orden económico y financiero mundial.Pekín -que mantiene una asociación estratégica integral con Irán y cuyo comercio bilateral superó los 41.000 millones de dólares el pasado año- reiteró su «firme oposición a las sanciones unilaterales ilícitas que carecen de base en el derecho internacional o del aval del Consejo de Seguridad de la ONU», en el que China es uno de los miembros con derecho a veto, y aseguró que tomará las medidas necesarias para salvaguardar sus derechos e intereses legítimos.Por su parte, el ministro de Economía de Irán, Ali Madanizadeh, aseguró a la televisión estatal que ni China ni Rusia han aceptado las medidas estadounidenses, anticipando que otros países también se resistirán al cerco económico. Aseguró que la república teocrática está «plenamente preparada» para las sanciones, que, según él, supondrían «otra derrota» para EEUU.Delicado equilibrios diplomáticosAnalistas y expertos destacan que la Administración estadounidense se muestra cautelosa a la hora de que todo esto salpique a China por el riesgo de represalias comerciales, particularmente en sectores críticos como la exportación de minerales estratégicos, y en vista de las conversaciones de alto nivel previstas entre el presidente Trump y el líder chino Xi Jinping; el chino hará una visita de tres días a finales de septiembre, que contempla una reunión con su homólogo en el Despacho Oval el día 24.El Atlantic Council, un tanque de pensamiento con sede en Washington, ha emitido un análisis coral de urgencia ante los anuncios hechos por Bessent en el que ahondan en la importancia de esta clave china. Especialmente claro es Daniel Fried, excoordinador de política de sanciones del Departamento de Estado norteamericano. «Las nuevas sanciones son (…) una advertencia, no un golpe mortal para la economía» iraní, sostiene. «Las sanciones anunciadas apuntan a empresas iraníes, chinas y de otros países, así como a buques petroleros de flotas fantasma y otros objetivos legítimos. Sin embargo, ninguna de estas medidas supuso un cambio radical. La retórica fue feroz, pero la contundencia menor, aunque Bessent prometió que habría más (incluidas sanciones contra una importante institución financiera a finales de esta semana)», ahonda.

«Asestar un golpe devastador a la economía iraní probablemente requeriría sancionar a importantes empresas y bancos chinos»A su entender, «asestar un golpe devastador a la economía iraní probablemente requeriría sancionar a importantes empresas y bancos chinos», y ayer «no se tomaron tales medidas». Aporta un detalle «revelador»: cuando la prensa preguntó a Bessent por qué su anuncio era más un aviso a navegantes, el enviado de Trump respondió que no quería «destruir el sistema financiero global». «Esto es significativo: EEUU amenaza con tomar medidas contra terceros países que no rompan sus lazos económicos con Irán, pero hacerlo implica costos y riesgos que Bessent dio a entender que no está dispuesto a asumir», añade.Pese a ello, Fried -también exsubsecretario de Estado para Asuntos Europeos- descarta que la campaña sea «mera fanfarronería». Entiende que los estrategas del Pentágono han visto que por lo militar no van a arrancar una pronta y beneficiosa victoria a los ayatolás y Trump lo intenta por otro flanco. «Es una decisión lógica. Las debilidades de Irán se acentuarán con el tiempo. Pero mantener este retroceso no será fácil, especialmente para una administración conocida por su impaciencia e inestabilidad», avisa.Maia Nikoladze, subdirectora de la Iniciativa de Estrategia Económica del Atlantic, remarca la idea de que «la mayor incógnita reside en la respuesta de Pekín, dado que las refinerías chinas han estado absorbiendo casi el 90% del petróleo iraní» y aún no está claro si la institución financiera que Bessent sugirió que podría ser sancionada ya a finales de semana por sus contactos con Irán será china. «Sin embargo, con la tregua de un año entre EEUU y China, que suspendió los aranceles estadounidenses a China y las prohibiciones chinas sobre minerales críticos, a punto de expirar este otoño, cualquier escalada económica percibida por EEUU podría provocar contramedidas chinas, especialmente en el sector de los minerales críticos», enfatiza. 

«Cualquier escalada económica percibida por EEUU podría provocar contramedidas chinas, especialmente en el sector de los minerales críticos»Dexter Tiff Roberts, investigador en el Centro Global para China, entiende que Xi preparará una respuesta «contundente». «Para China, esto no es más que lo mismo de siempre en lo que respecta a las amenazas comerciales de Trump: suelen carecer de detalles y, con frecuencia, se suavizan antes de implementarse», sostiene. Ahora no hay exenciones claras ni plazos ni castigos detallados. Hay un «amplio margen» para que el presidente estadounidense suavice sus exigencias o «extendiera los plazos hasta el punto de que resultaran irrelevantes, algo que China sin duda comprende».Mientras tanto, Pekín se ha dedicado a desarrollar su propio arsenal de leyes y regulaciones contra las sanciones, «que casi con toda seguridad se utilizarían para contraatacar con contundencia si EEUU actuara con verdadera fuerza, por ejemplo, sancionando a bancos chinos, aunque esto es poco probable». Pekín también sabe que es «improbable» que Trump quiera provocar las consecuencias económicas de una nueva guerra comercial de represalias con China, justo antes de la visita y, más, de las elecciones de mitad de mandato de noviembre. «China dejó entrever su probable respuesta intransigente cuando el tabloide del partido, Global Times, decidió elogiar efusivamente a Canadá por oponerse a las sanciones estadounidenses, calificándolo de «contraataque al estilo chino», añade el analista, que trabajó como periodista más de 20 años en Pekín.
Con el paso por el estrecho de Ormuz afectado por el conflicto y la consecuente tensión en los precios mundiales de la energía, la postura de Pekín -entre salvaguardar su suministro energético a bajo coste y calibrar su relación estratégica con EEUU- será el factor determinante que defina el éxito o el fracaso de la nueva ofensiva económica de Washington.

Estados Unidos ha intensificado -y de qué manera- su presión sobre Irán con el lanzamiento de la denominada Operación Paria Económico (Operation Economic Outcast), una batería de sanciones diseñada para asfixiar las finanzas iraníes y cortar de raíz sus ingresos comerciales. Sin embargo, en el centro de la efectividad de este cerco financiero no están únicamente Teherán o Washington, sino Pekín. 

China se ha consolidado durante años como el principal comprador del crudo iraní y ahora las advertencias de la Casa Blanca sobre sanciones secundarias si negocia con su socio de siempre sitúan al gigante asiático ante una compleja encrucijada energética y geopolítica.

El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, advirtió anoche de que los países que mantengan vínculos comerciales con Teherán se arriesgan a quedar excluidos del sistema financiero basado en el dólar estadounidense. En una comparecencia ante los medios, Bessent definió sus planes como una campaña integral cuyo objetivo es «cortar cada salvavidas económico que sostiene a este régimen hasta que Teherán quede aislado».

Al ser preguntado específicamente sobre la posibilidad de sancionar a entidades bancarias chinas, Bessent fue tajante: «Nadie está por encima del alcance de las sanciones estadounidenses». Asimismo, señaló que el Gobierno que encabeza Donald Trump busca fijar expectativas con Pekín mediante una «diplomacia discreta».

¿Cómo llega el petróleo iraní a China?

A pesar de que las grandes petroleras estatales chinas dejaron de adquirir crudo iraní de forma directa desde 2019 para evitar represalias en los mercados financieros internacionales en dólares, el comercio continuó a través de un circuito alternativo, sobre todo con las llamadas teapots, refinerías independientes ubicadas principalmente en la provincia oriental de Shandong. Esos complejos han sido los principales clientes del petróleo iraní, atraídos por los atractivos descuentos frente a los precios de referencia internacionales.

También se han apoyado los dos amigos en redes opacas y monedas locales. Por ejemplo, el crudo iraní a menudo se reetiqueta en origen marítimo como procedente de Malasia o Indonesia, se liquida directamente en yuanes (que es la moneda china) y opera mediante redes complejas de intermediarios para eludir la detección financiera internacional.

Aunque las sanciones anteriores apenas lograron frenar este flujo -tanto desde que empezó la guerra, en febrero pasado, como en años previos-, las recientes medidas, el bloqueo naval de los puertos iraníes y el estrechamiento de Ormuz han comenzado a hacer mella. Según datos de seguimiento de buques de la consultora Kpler citados por The Guardian, las importaciones chinas de crudo iraní pasaron de 1,57 millones de barriles diarios en febrero a 785.000 en junio, con un repunte a 823.000 en julio y una posterior caída a 534.000 barriles diarios en los registros provisionales de agosto.

Un trabajador llena el tanque de un automóvil en una gasolinera, el 23 de marzo de 2026, en Pekín (China).

Un trabajador llena el tanque de un automóvil en una gasolinera, el 23 de marzo de 2026, en Pekín (China).Lintao Zhang / Getty Images

La respuesta

Desde Pekín, la respuesta a la iniciativa estadounidense ha sido la esperada. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Lin Jian, afirmó que la cooperación entre China e Irán se desarrolla estrictamente dentro del marco del derecho internacional y no debe ser interrumpida ni obstaculizada. «Las guerras económicas y la máxima presión no son la solución», declaró Lin, advirtiendo de que estas medidas unilaterales amenazan con perturbar el orden económico y financiero mundial.

Pekín -que mantiene una asociación estratégica integral con Irán y cuyo comercio bilateral superó los 41.000 millones de dólares el pasado año- reiteró su «firme oposición a las sanciones unilaterales ilícitas que carecen de base en el derecho internacional o del aval del Consejo de Seguridad de la ONU», en el que China es uno de los miembros con derecho a veto, y aseguró que tomará las medidas necesarias para salvaguardar sus derechos e intereses legítimos.

Por su parte, el ministro de Economía de Irán, Ali Madanizadeh, aseguró a la televisión estatal que ni China ni Rusia han aceptado las medidas estadounidenses, anticipando que otros países también se resistirán al cerco económico. Aseguró que la república teocrática está «plenamente preparada» para las sanciones, que, según él, supondrían «otra derrota» para EEUU.

Delicado equilibrios diplomáticos

Analistas y expertos destacan que la Administración estadounidense se muestra cautelosa a la hora de que todo esto salpique a China por el riesgo de represalias comerciales, particularmente en sectores críticos como la exportación de minerales estratégicos, y en vista de las conversaciones de alto nivel previstas entre el presidente Trump y el líder chino Xi Jinping; el chino hará una visita de tres días a finales de septiembre, que contempla una reunión con su homólogo en el Despacho Oval el día 24.

El Atlantic Council, un tanque de pensamiento con sede en Washington, ha emitido un análisis coral de urgencia ante los anuncios hechos por Bessent en el que ahondan en la importancia de esta clave china. Especialmente claro es Daniel Fried, excoordinador de política de sanciones del Departamento de Estado norteamericano. «Las nuevas sanciones son (…) una advertencia, no un golpe mortal para la economía» iraní, sostiene. «Las sanciones anunciadas apuntan a empresas iraníes, chinas y de otros países, así como a buques petroleros de flotas fantasma y otros objetivos legítimos. Sin embargo, ninguna de estas medidas supuso un cambio radical. La retórica fue feroz, pero la contundencia menor, aunque Bessent prometió que habría más (incluidas sanciones contra una importante institución financiera a finales de esta semana)», ahonda.

«Asestar un golpe devastador a la economía iraní probablemente requeriría sancionar a importantes empresas y bancos chinos»

A su entender, «asestar un golpe devastador a la economía iraní probablemente requeriría sancionar a importantes empresas y bancos chinos», y ayer «no se tomaron tales medidas». Aporta un detalle «revelador»: cuando la prensa preguntó a Bessent por qué su anuncio era más un aviso a navegantes, el enviado de Trump respondió que no quería «destruir el sistema financiero global». «Esto es significativo: EEUU amenaza con tomar medidas contra terceros países que no rompan sus lazos económicos con Irán, pero hacerlo implica costos y riesgos que Bessent dio a entender que no está dispuesto a asumir», añade.

Pese a ello, Fried -también exsubsecretario de Estado para Asuntos Europeos- descarta que la campaña sea «mera fanfarronería». Entiende que los estrategas del Pentágono han visto que por lo militar no van a arrancar una pronta y beneficiosa victoria a los ayatolás y Trump lo intenta por otro flanco. «Es una decisión lógica. Las debilidades de Irán se acentuarán con el tiempo. Pero mantener este retroceso no será fácil, especialmente para una administración conocida por su impaciencia e inestabilidad», avisa.

Maia Nikoladze, subdirectora de la Iniciativa de Estrategia Económica del Atlantic, remarca la idea de que «la mayor incógnita reside en la respuesta de Pekín, dado que las refinerías chinas han estado absorbiendo casi el 90% del petróleo iraní» y aún no está claro si la institución financiera que Bessent sugirió que podría ser sancionada ya a finales de semana por sus contactos con Irán será china. «Sin embargo, con la tregua de un año entre EEUU y China, que suspendió los aranceles estadounidenses a China y las prohibiciones chinas sobre minerales críticos, a punto de expirar este otoño, cualquier escalada económica percibida por EEUU podría provocar contramedidas chinas, especialmente en el sector de los minerales críticos», enfatiza. 

«Cualquier escalada económica percibida por EEUU podría provocar contramedidas chinas, especialmente en el sector de los minerales críticos»

Dexter Tiff Roberts, investigador en el Centro Global para China, entiende que Xi preparará una respuesta «contundente». «Para China, esto no es más que lo mismo de siempre en lo que respecta a las amenazas comerciales de Trump: suelen carecer de detalles y, con frecuencia, se suavizan antes de implementarse», sostiene. Ahora no hay exenciones claras ni plazos ni castigos detallados. Hay un «amplio margen» para que el presidente estadounidense suavice sus exigencias o «extendiera los plazos hasta el punto de que resultaran irrelevantes, algo que China sin duda comprende».

Mientras tanto, Pekín se ha dedicado a desarrollar su propio arsenal de leyes y regulaciones contra las sanciones, «que casi con toda seguridad se utilizarían para contraatacar con contundencia si EEUU actuara con verdadera fuerza, por ejemplo, sancionando a bancos chinos, aunque esto es poco probable». Pekín también sabe que es «improbable» que Trump quiera provocar las consecuencias económicas de una nueva guerra comercial de represalias con China, justo antes de la visita y, más, de las elecciones de mitad de mandato de noviembre. «China dejó entrever su probable respuesta intransigente cuando el tabloide del partido, Global Times, decidió elogiar efusivamente a Canadá por oponerse a las sanciones estadounidenses, calificándolo de «contraataque al estilo chino», añade el analista, que trabajó como periodista más de 20 años en Pekín.

Con el paso por el estrecho de Ormuz afectado por el conflicto y la consecuente tensión en los precios mundiales de la energía, la postura de Pekín -entre salvaguardar su suministro energético a bajo coste y calibrar su relación estratégica con EEUU- será el factor determinante que defina el éxito o el fracaso de la nueva ofensiva económica de Washington.

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