Por qué España aún tiene pendiente reconocer el Estado palestino

Por qué España aún tiene pendiente reconocer el Estado palestino


PEDRO SÁNCHEZ / TWITTER

Pedro Sánchez y Mahmud Abbas, reunidos en Madrid en 2017

Palestina proclamó su independencia en 1988, en el exilio de Argel, donde estaba sus dirigentes, con el histórico Yasser Arafat al frente. Un poeta, Mahmud Darwish, redactó su declaración. Desde entonces, ardua ha sido su batalla por el reconocimiento internacional de su estado, ya dibujado por Naciones Unidas en 1947 y destrozado por las guerras sucesivas. Desde noviembre de 2012, Palestina es un estado observador en la ONU -el mismo estatus del Vaticano-, y ese aval animó a muchos países a considerarlo un igual. Hoy son 139 naciones de 193 que hay en el mundo las que reconocen su soberanía. España no está entre ellas. Prometió hacerlo, pero aún no lo ha cumplido. 

No es una cuestión ni de izquierdas ni de derechas, porque tanto el PP como el PSOE, estando en La Moncloa, se han mostrado a favor de la solución de dos estados, uno israelí y uno palestino, en vecindad segura y respeto mutuo, y los dos, al final, han preferido no dar un paso extra. Lo que ha frenado a España, sobre todo, es la falta de una voz común en la Unión Europea (UE), donde el debate es aún intenso -no hay más que pensar en lo peliagudo de la decisión para Alemania-. Y, sin embargo, hay hasta nueve naciones comunitarias (Suecia, Malta, Chipre, Bulgaria, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Rumanía y Polonia) que han reconocido a Palestina si esperar a los Veintisiete. 

En estos días de la Operación Guardián de los Muros sobre Gaza, el debate ha resurgido en las redes sociales, que recuerdan al actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, las promesas que hizo públicamente en 2015 y 2017 de declarar a Palestina como estado. Palabras que pronunció cuando como máximo responsable del PSOE incluso ante el presidente palestino, Mahmud Abbas. 

No es sólo cosa de un par de tuits. En el programa electoral del PSOE para las elecciones generales de abril de 2019, se afirmaba literalmente: “Impulsaremos el reconocimiento del Estado palestino por parte de los Estados miembros de la Unión Europea. Trabajaremos sobre la solución de los Estados -Israel y Palestina –basada en las fronteras de 1967 y con la capitalidad compartida de Jerusalén-. Consideramos que la solución de los dos Estados es la única vía para garantizar una paz justa, global y duradera entre israelíes y palestinos, con un Estado de Israel seguro y un estado de Palestina independiente, democrático, contiguo y viable”. No obstante, en el programa de la repetición electoral en noviembre ya no había mención al respecto. 

Pero no hablamos de un Ejecutivo en solitario, como en el pasado, sino que este tango lo bailan dos. Y Unidas Podemos siempre ha defendido el reconocimiento al estado palestino, igualmente. En su caso, en el programa electoral para los comicios europeos de mayo de 2019, defendía “una solución justa para Palestina”. “Se promoverá el reconocimiento por parte de las instituciones europeas del Estado de Palestina de manera inmediata, unilateral e incondicional, y se exigirá el fin de la ocupación, el bloqueo y el apartheid que sufren sus poblaciones”, detallaba, en un punto que iba más allá y apostaba por un embargo militar a Israel y hasta una investigación por presuntos crímenes de guerra por los ataques a Gaza. 

“Se promoverán también normativas que prohíban de manera efectiva la importación de productos, bienes y servicios producidos o procedentes de los asentamientos ilegales, según el derecho internacional y la ONU. Además, la Agencia de Naciones Unidas para la Población Refugiada de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA) contará con una financiación fija y suficiente”, añadía el socio minoritario del actual gabinete. 

Cuando, tras el 20-N de 2019, PSOE y UP tuvieron que negociar una coalición, la asignatura pendiente se puso de nuevo sobre la mesa. Entonces se recordaron unas palabras del líder de los morados, Pablo Iglesias, quien en septiembre de 2018 dijo que, tras reunirse con Sánchez, había un compromiso común sobre este asunto. “Hemos propuesto al Gobierno que reconozca al Estado palestino, y el Gobierno nos ha asegurado que lo va a estudiar”, dijo. La entonces ministra portavoz, Isabel Celaá, salió al paso diciendo que se trataba de “una propuesta seria que requiere reflexión”.

Hoy, cuando se pregunta desde El HuffPost en La Moncloa y en Exteriores si se va a reconocer al Estado palestino y por el incumplimiento de su promesa, se guarda silencio y se remiten a las palabras de la ministra Arancha González Laya, quien ha preferido no hablar directamente sobre el asunto sino pedir que cesen las hostilidades. “Hay que redoblar los esfuerzos para conseguir una desescalada entre Israel y Palestina, tienen que callar las armas, tenemos en estos momentos que concentrarnos en detener a la sociedad, a la población civil, especialmente a los niños y niñas, y que esto sea un primer paso para poder abordar, una vez que haya cesado la violencia, el conflicto a través del diálogo”, ha señalado hoy.

“España ha venido manteniendo en estos últimos meses la importancia de retomar el diálogo entre Israel y Palestina, se cumplen este año 30 años de la Conferencia de Madrid. Venimos insistiendo desde principios de este año con todos los actores regionales, europeos, la necesidad de abrir vías de diálogo para resolver el conflicto y evitar un enquistamiento que lleve a un estallido nuevo de este conflicto, como estamos viendo de esta manera tan desgarradora en las últimas horas”, añade. “En esto vamos a poner los empeños”, agrega, recordando que mañana se reúnen de forma extraordinaria los ministros de Exteriores de la UE para tratar la crisis. 

González Laya ha informado vía Twitter de que ha mantenido contactos con sus homólogos israelí y palestino así como con otros interlocutores de la región con vistas a frenar la actual escalada de violencia.

En el caso de Podemos, el pasado día 11, antes de que se agravase aún más el choque, emitieron un comunicado desde su sectorial de Internacional en el que “demandan” nuevamente “cumplir con la promesa de reconocimiento del Estado de Palestina”, sin plazos ni anuncios de nuevas iniciativas en el horizonte. Desde el Gobierno, su ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, ha retuiteado mensajes pidiendo el fin de la ocupación de Israel y de la actual “masacre”. Son varios también los retuiteos del ministro de Consumo, Alberto Garzón, sobre víctimas civiles en Gaza y ataques a la prensa, o mensajes de la titular de Igualdad, Irene Montero, “desgarra ver los ataques contra la población civil y los desalojos de familias en Jerusalén y Palestina”

El mandato del Congreso

Desde 2014, el reconocimiento del estado palestino ya no es una cuestión partidista ni ideológica. Es un mandato parlamentario. El Congreso, por 319 votos a favor, dos en contra (Agustín Conde y Celinda Sánchez, del PP) y una abstención (el también popular Ricardo Tarno), instó al Gobierno, entonces de Mariano Rajoy, a apostar por este reconocimiento.

La iniciativa partió del PSOE y pedía explícitamente, además, “promover de manera coordinada en el seno de la Unión Europea dicho reconocimiento del Estado palestino como Estado soberano, en el marco de una solución definitiva y global al proceso de paz en Oriente Próximo basada en la creación de dos Estados, el israelí y el palestino, coexistiendo en paz, seguridad y prosperidad”.

Fue en noviembre y el español se convirtió en el tercer Parlamento comunitario en dar el paso, siguiendo una estela de buenas relaciones con Palestina que vienen de lejos, como cuando fue el primer país occidental en otorga el estatus diplomático a un representante de la OLP o por el mero hecho de ser una de la decena de naciones que aún tiene un consulado en el este de Jerusalén, como lo tenía antes de la guerra de 1948. 

La iniciativa no tuvo valor vinculante, es decir, el Gobierno no tiene por qué sentirse aludido por lo que le ruega el Congreso, pero el simbolismo de aquel apoyo, casi unánime, dejó claro el sentir de los representantes de los ciudadanos, que hoy sigue sin ser escuchado. 

España, no obstante, tampoco se suma a la lista de países, con EEUU a la cabeza, que avalan sin fisuras a Israel y su enésima operación militar sobre Gaza. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha publicado un tuit en el que, a base de banderitas, da las gracias a quienes sí le han manifestado “resueltamente” su apoyo en su derecho, dice, a la “autodefensa contra los ataques terroristas” por parte de las milicias palestinas. Un mensaje que, por ejemplo, ha sido tuiteado por el portavoz popular en la Asamblea de Madrid, Alfonso Serrano, quien reprocha a Moncloa por no estar en la lista. 

“Que no esté España dice tanto del Gobierno que tenemos…”, afirma, sin recordar que la postura española ha sido invariable en los últimos años. En 2014, cuando se produjo la última gran operación sobre la Franja, el entonces jefe de la diplomacia española, su colega de partido José Manuel García-Margallo, pedía igualmente un cese del fuego a las dos partes y reclamaba a Israel un uso proporcionado de la fuerza y el respeto al derecho humanitario. 

En busca de la unanimidad

La solución de dos estados es la defendida por toda la UE, pero si sólo hay nueve de 27 que hayan afirmado su reconocimiento aún es porque hay una posición mayoritaria de que es mejor no moverse de su tradicional postura: no habrá un reconocimiento en bloque mientras no haya un acuerdo entre las partes.

En palabras del alto representante europeo para la Política Exterior y de Seguridad, el español Josep Borrell, la posición europea, tomada en 2014, es que sólo será válido a ojos de Bruselas un acuerdo alcanzado tras una negociación entre los adversarios, no por imposición exterior. Ese eventual acuerdo debe permitir a Israel vivir en seguridad al lado de un “Estado de Palestina independiente, democrático, continuo, soberano y viable”. 

Europa se mantiene así fiel a una solución que permita la coexistencia de dos Estados y respete las líneas fronterizas de 1967 o su equivalente a través de transferencias de territorio acordadas por las partes en acuerdos como los de Oslo o los que estuvieran por llegar. 

En febrero de 2020, la última vez que se abordó a fondo el debate, Luxemburgo encabezó la propuesta para asumir a la vez la independencia y soberanía palestinas, pero no prosperó. Existe una exigencia sine qua non para asuntos de política exterior por la que todo debe acordarse sin fisuras, así que por eso sólo tenemos por ahora reconocimientos bilaterales, país a país. España está entre los que prefieren ir todos a una. 

Desde la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) explican que condicionar el reconocimiento del Estado palestino “al resultado de las negociaciones” equivale al final a dar a Israel “derecho a vetar la autodeterminación del pueblo palestino”, porque “uno no le pregunta a la potencia ocupante cuando un pueblo va a ser libre”.

Palestina, además se estar reconocido desde hace nueve años como estado observador, no miembro, de Naciones Unidas (una votación que contó con los votos favorables de España), ha entrado en los últimos tiempos en diversas organizaciones internacionales, que dan así entidad a la soberanía que algunos aún desdeñan, como la Unesco, la Corte Penal Internacional o Interpol.


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