Ulrich Siegmund, el ‘hombre más peligroso de Alemania’ tras el auge de la ultraderecha

Ulrich Siegmund, el ‘hombre más peligroso de Alemania’ tras el auge de la ultraderecha



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Ulrich Siegmund es un tipo que atrae. Arreglado pero informal, de porte ágil y elástico, luce canas que, lejos de avejentarlo a sus 35 años, le dan carisma. Tiene una palabra para cada persona, recuerda todos los nombres y aprieta manos sin blandura. Si le sumas el humor y su estampa motera, acaba siendo un crisol de cercanía, camaradería y sencillez. El yerno perfecto, aunque ya esté casado y tenga una hija. Pero esa es la fachada. Si nos asomamos a su cabeza, vemos las maquinaciones de la estrella ascendente de la ultraderecha alemana, el peligro del radicalismo envuelto en templanza para ganar votos, la desigualdad, la exclusión, el rechazo. La noticia no es su ascenso, que lleva años cuajándose, sino que está a un paso de lograr lo que hace apenas una década parecía impensable: convertirse en el primer jefe de Gobierno de un estado germano perteneciente a la derecha extrema desde la fundación de la República Federal. Desde la Segunda Guerra Mundial y el régimen nazi. Con su mezcla de carisma magnético, populismo callejero y una red de asesores con un pasado oscuro, Siegmund ha llevado a su formación, la Alternativa para Alemania (AfD), a cotas de apoyos sin precedentes en Sajonia-Anhalt, su estado, superando el 40 % en las encuestas de intención de voto de cara a las elecciones de este 6 de septiembre. Es «el hombre más peligroso de Alemania», en palabras de Der Spiegel, la revista más importante del país. Siegmund se ha paseado durante la campaña con su característico peinado con la raya a un lado y el flequillo alto y la barba cuidadosamente descuidada, repartiendo firmas en camisetas que llevan estampado su propio rostro y su logotipo, como si fuera una estrella de rock. Es muy consciente de su imagen. La gente lo ha seguido, incluso en plena ola de calor, y sobre todo en las redes sociales, en las que arrasa con su mensaje menos catastrofista del habitual en la ultraderecha, centrado en «todo es posible» y «salvemos el país». Si de fondo siguen los carteles de «deportar desde el minuto uno», ni él ni su gente los quitan, pero no los corean. A mí que me registren. Y así, jugando a moderado, está a punto de coronarse. Carisma juvenil, postulados profundamente nacionalistas, nativistas y excluyentes lo han consolidado como una figura central y sumamente divisiva de la política regional. Y dicen los analistas que, incluso, puede saltar a la federal. «Quién sabe qué nos deparará el futuro», responde él cuando se le pregunta por Berlín. De la ortodoxia de la CDU a la línea dura de AlternativaNació el 25 de octubre de 1990 -apenas tres semanas después de la reunificación alemana-, en Havelberg, una pequeña localidad en el estado que ahora quiere mandar, Siegmund. No vivió el Muro, ni la Guerra Fría en su apogeo. En la escuela, dice el Spiegel, era un «rompecorazones». También un «charlatán». Su carrera política comenzó temprano y de manera convencional, integrándose en las filas de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido histórico del conservadurismo alemán que ahora lleva las riendas del país y al que se unió a los 19 años. Sin embargo, su paso por el partido de Angela Merkel y Friedrich Merz fue relativamente fugaz. A los 24 años, desencantado con lo que percibía como una dirección excesivamente centrista y moderada, dio el salto a la entonces emergente Alternativa para Alemania (AfD). En aquel momento, era principalmente una fuerza euroescéptica de profesores de economía, pero pronto mutaría hacia el nacionalismo de extrema derecha que la caracteriza hoy. Fuera del ámbito político, el candidato trataba de ganarse la vida como comercial, primero como ayudante y, luego, tras especializarse como psicólogo empresarial, creando su propia firma de ambientadores, especializada en hoteles y gimnasios. Lo fue dejando poco a poco, visto su ascenso rápido y sin fricciones en las filas de la AfD en Sajonia-Anhalt. Desde 2016 ha sido miembro de la junta ejecutiva estatal, consolidando su poder interno, y ese mismo año se convirtió en diputado. Al principio, sólo era uno más de la nueva hornada, pero en 2022 ya fue ser elegido copresidente de la facción parlamentaria de la AfD en la asamblea estatal, compartiendo el liderazgo con Oliver Kirchner. El salto se debe a su presencia mediática, durísima, durante la pandemia de covid-19. Siendo el portavoz de salud de su formación, se topó con una crisis mundial y le sacó provecho, lanzando mensajes incendiarios contra el confinamiento forzoso y las medidas de control. La gente, que estaba preocupada y cansada, empezó a seguirlo. «No quieren que lo sepas, pero…» fue una de sus muletillas más exitosas. «Puede venderte cualquier coche, pero no siempre sabe cómo funciona», resume su actuación, incluso con algo tan delicado como un virus. Finalmente, en mayo de 2025, el aparato del partido lo coronó como su candidato indiscutible para las elecciones que ahora nos ocupan. Su elección no fue una coincidencia administrativa, sino una declaración de intenciones, porque Siegmund representa la vanguardia de la evolución de la AfD en el este de Alemania: una sección del partido que ha sido clasificada oficialmente como «extremista de derecha comprobada» por la Oficina de Protección de la Constitución, el servicio de inteligencia interno de Alemania. Bajo su liderazgo, la AfD en Sajonia-Anhalt no ha buscado moderar su tono para atraer al centro; por el contrario, ha redoblado su apuesta por políticas identitarias, antinmigración y retórica rupturista. Algo que su buena imagen no termina de ocultar. Sus defensores dicen que sólo busca eliminar las «injusticias». El «rey de TikTok» y el control algorítmico del relatoEl fenómeno Ulrich Siegmund se entiende sobre todo repasando su abrumadora y calculada presencia en las redes sociales, con un enfoque casi obsesivo en TikTok, donde tiene 763.500 seguidores, casi tantos como el canciller Merz, pese a que aspira a gestionar un estado con 2,1 millones de habitantes apenas. Bajo el nick «Mutzurwahrheit90» (que se puede traducir como «Coraje para la verdad 90»), ha podido saltarse por completo el filtro de los medios de comunicación tradicionales, a los que a menudo ataca tachándolos de sesgados o partícipes de un «sistema corrupto». En Alemania, hay libertad de información, pero también una clara conciencia de lo que supone el neonazismo, por lo que AfD digamos que no ha logrado el eco mediático que le hubiera gustado tener. A través de sus vídeos, Siegmund conecta de forma directa, íntima casi si reparamos en su capacidad de respuesta, con los votantes más jóvenes, un electorado históricamente esquivo pero donde la AfD ha logrado avances estadísticos que hacen saltar las alarmas en los partidos establecidos. Los contenidos que publica están producidos con una altísima calidad técnica, utilizando códigos visuales propios de los influencers. Sus stories destilan mensajes simples, directos: fuertes críticas contra la inmigración descontrolada, ataques frontales al establishment político de Berlín y burlas hacia las políticas climáticas o progresistas. Lo woke. Todo ello, empaquetado en un formato limpio, atrayente y de fácil consumo. Como señalaba recientemente un exhaustivo análisis del prestigioso diario Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ): «Ulrich Siegmund es quizás la idea más inteligente que ha tenido la AfD». Ha dejado atrás el estereotipo del político ultraderechista agresivo y anticuado, una normalización que lo convierte un bisturí de cuatro filos. Vayamos a lo ideológicoDejemos TikTok y vayamos a la verdadera dimensión ideológica de Siegmund, porque una cosa es que la tape y, otra, que no se vea. Por ejemplo, quedó expuesta a nivel nacional a principios de 2024. Fue entonces cuando una investigación periodística reveló su participación en una reunión secreta celebrada en una villa de Potsdam en noviembre de 2023, un encuentro clandestino en el que figuras de la extrema derecha, incluyendo al ideólogo austriaco Martin Sellner, miembros radicales del Movimiento Identitario y políticos tanto de la AfD como de sectores marginales de la CDU, se sentaron a discutir planes concretos de «remigración». Este término, adoptado como eufemismo por la extrema derecha europea, implica en la práctica la deportación masiva de solicitantes de asilo, extranjeros con derecho a residencia e incluso ciudadanos alemanes de origen extranjero pero documentos legales que, a su juicio, no estén «asimilados». Para la inteligencia alemana, este concepto de «remigración» no es un mero eslogan electoral, sino un proyecto anticonstitucional que apunta directamente a la creación de sociedades definidas étnicamente, buscando la expulsión sistemática de quienes consideran «ajenos al pueblo» (Volksfremde).La presencia de Siegmund en esta cita desató un terremoto político en Alemania. Hubo hasta manifestaciones masivas en defensa de la democracia en todo el país. Sin embargo, lejos de pedir disculpas, retractarse o distanciarse tras salir a la luz el escándalo, el aspirante ha mantenido una postura de firmeza y desafío. Este posicionamiento ha consolidado su estatus de héroe dentro de las bases más radicales del partido. Durante el reciente congreso federal de «Generación Alemania» (Generation Deutschland – GD), la nueva organización juvenil de la AfD constituida apresuradamente tras la disolución de la problemática «Junge Alternative» (JA), fue recibido con un júbilo ensordecedor, cuentan las crónicas. No hay rendición de cuentas, sino aplauso. «Haremos historia aquí. La elección estatal es solo el primer paso. El objetivo final es el poder en toda Alemania. La AfD lucha por cada rincón de la República Federal», decía Siegmund, sin querer meterse en berenjenales. 

Ulrich Siegmund, candidato de la AfD para las elecciones de Sajonia-Anhalt, en un mitin de campaña en la plaza de Naumburg, el 24 de agosto de 2026.Jan Woitas / picture alliance via Getty Images

Ya estaban allí sus compañeros para eso. Con consignas que recordaban a tiempos oscuros de la historia alemana, los jóvenes militantes dejaron clara su postura. «Alemania debe seguir siendo el país de los alemanes, este principio no es negociable», proclamó Jean-Pascal Hohm, líder de la organización juvenil. El eurodiputado de la AfD René Aust elevó la apuesta en el mismo evento, exigiendo no sólo la deportación nacional, sino una «remigración a nivel europeo», pidiendo transformar a Europa en una auténtica «fortaleza» impenetrable. Sigue sonando al partido de la ira. El aspirante se queda, cuando le fuerzan, en la idea de echar a los «ilegales» y «delincuentes», pero en un contexto general de islamofobia y reducción de derechos de los foráneos, además de una mayor presencia de la historia «nacional» alemana en los colegios. «Debemos recuperar nuestra vieja y segura Alemania», es una de sus frases-lemas. Dice que el país se perdió con la «decadencia y la destrucción» del bipartidismo. «Recordar: yo soy como vosotros, yo soy del pueblo», insiste. 

«Debemos recuperar nuestra vieja y segura Alemania»Aunque él trate de ir de descafeinado, está rodeado de gente muy polémica y transparente en lo ideológico. Por ejemplo, POLITICO expuso que cuatro antiguos miembros de una organización neonazi prohibida en Alemania, la Heimattreue Deutsche Jugend (HDJ), forman parte del círculo más cercano de Siegmund. Dos de ellos se encuentran entre sus asesores más cercanos y dos ayudaron a redactar el programa electoral del partido. La prensa regional ha filtrado que los dos primeros incluso podrían ser designados como jefe de la cancillería estatal y secretario de Estado de Justicia si ganan las elecciones, en un gabinete que su jefe tiene definido ya «al 95%», tan convencido como está de su victoria. Eso pone de manifiesto, dice, lo «dependiente» que es de ese círculo. Se le supone, también, una cercanía ideológica, aunque él siempre insiste en que no ha pertenecido nunca a la HDJ. La orden de veto del grupo, dada en 2009, indicaba que el objetivo de la HDJ era entrenar a una «élite neonazi» imbuida de la ideología nacionalsocialista. La «Russen Tasse» y la ambigua relación con MoscúSi algo define la campaña de Ulrich Siegmund es su capacidad para navegar y sobrevivir a polémicas constantes que arruinarían la carrera de cualquier político tradicional. Su equipo lo destaca en la prensa local: no se ha metido en peleas internas o familias y ha eludido algunos debates precisamente por ser demasiado espinosos. De ahí que quede su programa para aclarar las cosas. Sí que ha cimentado su popularidad entre el electorado con cierto victimismo cuando habla de los ataques mediáticos, como una confirmación de que la AfD «dice las verdades incómodas». Uno de los incidentes más recientes, ocurrido a finales de agosto, salpicó a su círculo íntimo y sacó a relucir una de sus contradicciones de partido: su postura respecto a Rusia. La prensa, en particular el diario sensacionalista Bild y diversos podcasts de investigación, desvelaron que el influyente político de la AfD y compañero de Siegmund, Hans-Thomas Tillschneider, poseía en su despacho oficial una taza conmemorativa de las fuerzas armadas rusas (la bautizada por los medios como «Russen-Tasse»). En el contexto de la brutal guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, que Alemania condena firmemente aportando apoyo militar y financiero a Kiev, el descubrimiento de parafernalia militar rusa en la oficina de un parlamentario alemán generó un escándalo mayúsculo. Tillschneider es conocido por su extrema cercanía a Moscú y su postura contra las sanciones a Rusia. Ante la presión mediática para que condenara el hecho, Siegmund optó por cerrar filas y justificar el hecho minimizándolo y respaldó públicamente a su compañero, demostrando la fuerte tolerancia -e incluso simpatía- que existe dentro de la AfD de Sajonia-Anhalt hacia el Kremlin de Vladimir Putin, un factor que preocupa enormemente a los aliados occidentales de Alemania.Ha ayudado a arrojar sombras el comentario de Kirill Dmitriev, director ejecutivo de Fondo Ruso de Inversión Directa y uno de los negociadores que emplea el presidente ruso por el mundo, quien ha llegado a afirmar: «Alemania despierta el 6 de septiembre». Nepotismo, críticas médicas y el hype en la prensaLas conexiones de Siegmund no dejan de estar bajo la lupa. Investigaciones de la cadena pública de radiodifusión MDR sacaron a la luz recientemente que la estructura digital de la campaña de Siegmund estaba vinculada, a través de su página web, con una tienda en línea gestionada por un antiguo militante neonazi y miembro activo del Movimiento Identitario. Este hallazgo es especialmente comprometedor dado que la AfD, para evitar la ilegalización total, mantiene formalmente una «resolución de incompatibilidad» con dicho movimiento. Siegmund se defendió airadamente, rechazando la veracidad de la investigación y amenazando con emprender acciones legales, una táctica habitual para desviar la atención. Paralelamente, han surgido acusaciones de nepotismo que cuestionan la ética del líder regional. Tras revelarse posibles contrataciones irregulares, circuló un vídeo ampliamente difundido en redes donde el propio Siegmund, con total naturalidad, aseguraba a sus seguidores que la contratación de familiares en puestos políticos o de asesoría «no es ningún problema». Hoy, su padre es asesor de otro diputado de su formación en el Parlamento regional, cuando viene de ser un ingeniero eléctrico sin experiencia. Lo de «nosotros somos otra cosa» y tal. Incluso en el ámbito de las políticas públicas locales, sus propuestas han chocado con la realidad técnica. Sus planes para el sistema de salud en Sajonia-Anhalt provocaron un rechazo frontal e inusual por parte del Colegio de Médicos estatal y la Asociación de Médicos del Seguro de Enfermedad. Ambas instituciones emitieron advertencias públicas alertando de que las políticas nativistas y restrictivas que propone la AfD agravarían dramáticamente la ya existente escasez de médicos en la región, poniendo en riesgo real la atención sanitaria de los ciudadanos. Sin embargo, el «efecto teflón» de Siegmund -su capacidad para que ningún escándalo le pase factura electoral- roza lo surrealista. El ejemplo más paradigmático de este fenómeno se vivió a mediados de agosto, que fue cuando Der Spiegel le dedicó esa portada con aires de «se busca» en la que lo llamaba «el hombre más peligroso de Alemania». Para cualquier político de un partido tradicional, una primera plana así sería el beso de la muerte. Para Siegmund, fue gasolina electoral. La maquinaria propagandística de la AfD le dio la vuelta a la narrativa, convirtiendo la portada en una medalla de honor, un símbolo de que el «sistema» les teme. La euforia llegó a tal punto que una copia de esa misma edición de Der Spiegel, con la firma autógrafa de Ulrich Siegmund estampada sobre el titular, fue subastada en la plataforma eBay. La puja ganadora, tras días de competencia frenética entre simpatizantes, alcanzó la asombrosa cifra de 1.010 euros. Bild definió el suceso con precisión: una auténtica «éxtasis de campaña».

Cartel electoral del partido ultra AfD y su candidato, que dice: «Ulrich Siegmund: Tiene un plan. Todo es posible». La imagen es del 1 de septiembre de 2026 y fue tomada en Magdeburgo.Frank Hoensch / Getty Images

El laboratorio político de Sajonia-AnhaltCon semejante favorito llegamos a las elecciones de este domingo en Sajonia-Anhalt, donde el juego trasciende ampliamente las fronteras de este estado del este. La región se ha transformado en el gran laboratorio de pruebas para el futuro político y democrático de la principal potencia económica de Europa. Con Siegmund a la cabeza de las encuestas, la AfD busca demostrar empíricamente que un programa radical, teñido de xenofobia y revisionismo, pero presentado con una estética moderna, una ejecución digital impecable y una estrategia comunicativa sumamente agresiva, es capaz de pulverizar el «cordón sanitario» (el cortafuegos o brandmauer) que los partidos democráticos tradicionales han intentado mantener durante años. A los críticos les quedan apenas horas para convencer a los electores de que es un peligro inminente y letal para la democracia liberal pluralista, un lobo con piel de cordero que ha descubierto cómo utilizar las herramientas del siglo XXI para normalizar los discursos de exclusión y odio más antiguos de Europa. Para sus simpatizantes, en cambio, representa la personificación del lema «Mut zur Wahrheit» (Coraje para la verdad). Lo ven como la única voz valiente dispuesta a enfrentarse a las élites de Berlín, el líder carismático que salvará a su región de la decadencia económica, frenará la inmigración y, en última instancia, devolverá el país a sus ciudadanos autóctonos. 
Independientemente del resultado en las urnas, hay ya una realidad es innegable: Uli, como lo llaman sus fieles, ha superado la etapa de ser una curiosidad o una figura marginal, un posterboy. Hoy es el nuevo y reluciente rostro de la extrema derecha alemana, de una popularidad excepcional aunque no sea un orador brillantísimo, que se pasea triunfal en su reconocible moto azul (de una firma robaba por los nazis a una familia judía, por cierto). Nadie sabe cuán serio será el terremoto que provoque desde su humilde territorio, tras 24 años de gabinetes de la CDU. En Berlín, mientras, ya tiemblan con la idea de ver por los suelos una profilaxis que siempre ha apartado de las administraciones a los ultras. Se empieza por lo local y se llega a lo federal, más cuando se suceden los Gobiernos de coalición forzosa y nadie frena a la AfD. 

Ulrich Siegmund es un tipo que atrae. Arreglado pero informal, de porte ágil y elástico, luce canas que, lejos de avejentarlo a sus 35 años, le dan carisma. Tiene una palabra para cada persona, recuerda todos los nombres y aprieta manos sin blandura. Si le sumas el humor y su estampa motera, acaba siendo un crisol de cercanía, camaradería y sencillez. El yerno perfecto, aunque ya esté casado y tenga una hija. Pero esa es la fachada. Si nos asomamos a su cabeza, vemos las maquinaciones de la estrella ascendente de la ultraderecha alemana, el peligro del radicalismo envuelto en templanza para ganar votos, la desigualdad, la exclusión, el rechazo. 

La noticia no es su ascenso, que lleva años cuajándose, sino que está a un paso de lograr lo que hace apenas una década parecía impensable: convertirse en el primer jefe de Gobierno de un estado germano perteneciente a la derecha extrema desde la fundación de la República Federal. Desde la Segunda Guerra Mundial y el régimen nazi. Con su mezcla de carisma magnético, populismo callejero y una red de asesores con un pasado oscuro, Siegmund ha llevado a su formación, la Alternativa para Alemania (AfD), a cotas de apoyos sin precedentes en Sajonia-Anhalt, su estado, superando el 40 % en las encuestas de intención de voto de cara a las elecciones de este 6 de septiembre. Es «el hombre más peligroso de Alemania», en palabras de Der Spiegel, la revista más importante del país. 

Siegmund se ha paseado durante la campaña con su característico peinado con la raya a un lado y el flequillo alto y la barba cuidadosamente descuidada, repartiendo firmas en camisetas que llevan estampado su propio rostro y su logotipo, como si fuera una estrella de rock. Es muy consciente de su imagen. La gente lo ha seguido, incluso en plena ola de calor, y sobre todo en las redes sociales, en las que arrasa con su mensaje menos catastrofista del habitual en la ultraderecha, centrado en «todo es posible» y «salvemos el país». Si de fondo siguen los carteles de «deportar desde el minuto uno», ni él ni su gente los quitan, pero no los corean. A mí que me registren. 

Y así, jugando a moderado, está a punto de coronarse. Carisma juvenil, postulados profundamente nacionalistas, nativistas y excluyentes lo han consolidado como una figura central y sumamente divisiva de la política regional. Y dicen los analistas que, incluso, puede saltar a la federal. «Quién sabe qué nos deparará el futuro», responde él cuando se le pregunta por Berlín. 

De la ortodoxia de la CDU a la línea dura de Alternativa

Nació el 25 de octubre de 1990 -apenas tres semanas después de la reunificación alemana-, en Havelberg, una pequeña localidad en el estado que ahora quiere mandar, Siegmund. No vivió el Muro, ni la Guerra Fría en su apogeo. En la escuela, dice el Spiegel, era un «rompecorazones». También un «charlatán». Su carrera política comenzó temprano y de manera convencional, integrándose en las filas de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido histórico del conservadurismo alemán que ahora lleva las riendas del país y al que se unió a los 19 años. 

Sin embargo, su paso por el partido de Angela Merkel y Friedrich Merz fue relativamente fugaz. A los 24 años, desencantado con lo que percibía como una dirección excesivamente centrista y moderada, dio el salto a la entonces emergente Alternativa para Alemania (AfD). En aquel momento, era principalmente una fuerza euroescéptica de profesores de economía, pero pronto mutaría hacia el nacionalismo de extrema derecha que la caracteriza hoy. 

Fuera del ámbito político, el candidato trataba de ganarse la vida como comercial, primero como ayudante y, luego, tras especializarse como psicólogo empresarial, creando su propia firma de ambientadores, especializada en hoteles y gimnasios. Lo fue dejando poco a poco, visto su ascenso rápido y sin fricciones en las filas de la AfD en Sajonia-Anhalt. Desde 2016 ha sido miembro de la junta ejecutiva estatal, consolidando su poder interno, y ese mismo año se convirtió en diputado. Al principio, sólo era uno más de la nueva hornada, pero en 2022 ya fue ser elegido copresidente de la facción parlamentaria de la AfD en la asamblea estatal, compartiendo el liderazgo con Oliver Kirchner. 

El salto se debe a su presencia mediática, durísima, durante la pandemia de covid-19. Siendo el portavoz de salud de su formación, se topó con una crisis mundial y le sacó provecho, lanzando mensajes incendiarios contra el confinamiento forzoso y las medidas de control. La gente, que estaba preocupada y cansada, empezó a seguirlo. «No quieren que lo sepas, pero…» fue una de sus muletillas más exitosas. «Puede venderte cualquier coche, pero no siempre sabe cómo funciona», resume su actuación, incluso con algo tan delicado como un virus. 

Finalmente, en mayo de 2025, el aparato del partido lo coronó como su candidato indiscutible para las elecciones que ahora nos ocupan. Su elección no fue una coincidencia administrativa, sino una declaración de intenciones, porque Siegmund representa la vanguardia de la evolución de la AfD en el este de Alemania: una sección del partido que ha sido clasificada oficialmente como «extremista de derecha comprobada» por la Oficina de Protección de la Constitución, el servicio de inteligencia interno de Alemania. 

Bajo su liderazgo, la AfD en Sajonia-Anhalt no ha buscado moderar su tono para atraer al centro; por el contrario, ha redoblado su apuesta por políticas identitarias, antinmigración y retórica rupturista. Algo que su buena imagen no termina de ocultar. Sus defensores dicen que sólo busca eliminar las «injusticias». 

El «rey de TikTok» y el control algorítmico del relato

El fenómeno Ulrich Siegmund se entiende sobre todo repasando su abrumadora y calculada presencia en las redes sociales, con un enfoque casi obsesivo en TikTok, donde tiene 763.500 seguidores, casi tantos como el canciller Merz, pese a que aspira a gestionar un estado con 2,1 millones de habitantes apenas. Bajo el nick «Mutzurwahrheit90» (que se puede traducir como «Coraje para la verdad 90»), ha podido saltarse por completo el filtro de los medios de comunicación tradicionales, a los que a menudo ataca tachándolos de sesgados o partícipes de un «sistema corrupto». En Alemania, hay libertad de información, pero también una clara conciencia de lo que supone el neonazismo, por lo que AfD digamos que no ha logrado el eco mediático que le hubiera gustado tener. 

A través de sus vídeos, Siegmund conecta de forma directa, íntima casi si reparamos en su capacidad de respuesta, con los votantes más jóvenes, un electorado históricamente esquivo pero donde la AfD ha logrado avances estadísticos que hacen saltar las alarmas en los partidos establecidos. Los contenidos que publica están producidos con una altísima calidad técnica, utilizando códigos visuales propios de los influencers. Sus stories destilan mensajes simples, directos: fuertes críticas contra la inmigración descontrolada, ataques frontales al establishment político de Berlín y burlas hacia las políticas climáticas o progresistas. Lo woke. 

Todo ello, empaquetado en un formato limpio, atrayente y de fácil consumo. Como señalaba recientemente un exhaustivo análisis del prestigioso diario Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ): «Ulrich Siegmund es quizás la idea más inteligente que ha tenido la AfD». Ha dejado atrás el estereotipo del político ultraderechista agresivo y anticuado, una normalización que lo convierte un bisturí de cuatro filos. 

Vayamos a lo ideológico

Dejemos TikTok y vayamos a la verdadera dimensión ideológica de Siegmund, porque una cosa es que la tape y, otra, que no se vea. Por ejemplo, quedó expuesta a nivel nacional a principios de 2024. Fue entonces cuando una investigación periodística reveló su participación en una reunión secreta celebrada en una villa de Potsdam en noviembre de 2023, un encuentro clandestino en el que figuras de la extrema derecha, incluyendo al ideólogo austriaco Martin Sellner, miembros radicales del Movimiento Identitario y políticos tanto de la AfD como de sectores marginales de la CDU, se sentaron a discutir planes concretos de «remigración». 

Este término, adoptado como eufemismo por la extrema derecha europea, implica en la práctica la deportación masiva de solicitantes de asilo, extranjeros con derecho a residencia e incluso ciudadanos alemanes de origen extranjero pero documentos legales que, a su juicio, no estén «asimilados». Para la inteligencia alemana, este concepto de «remigración» no es un mero eslogan electoral, sino un proyecto anticonstitucional que apunta directamente a la creación de sociedades definidas étnicamente, buscando la expulsión sistemática de quienes consideran «ajenos al pueblo» (Volksfremde).

La presencia de Siegmund en esta cita desató un terremoto político en Alemania. Hubo hasta manifestaciones masivas en defensa de la democracia en todo el país. Sin embargo, lejos de pedir disculpas, retractarse o distanciarse tras salir a la luz el escándalo, el aspirante ha mantenido una postura de firmeza y desafío. Este posicionamiento ha consolidado su estatus de héroe dentro de las bases más radicales del partido. Durante el reciente congreso federal de «Generación Alemania» (Generation Deutschland – GD), la nueva organización juvenil de la AfD constituida apresuradamente tras la disolución de la problemática «Junge Alternative» (JA), fue recibido con un júbilo ensordecedor, cuentan las crónicas. No hay rendición de cuentas, sino aplauso. «Haremos historia aquí. La elección estatal es solo el primer paso. El objetivo final es el poder en toda Alemania. La AfD lucha por cada rincón de la República Federal», decía Siegmund, sin querer meterse en berenjenales. 

Ulrich Siegmund, candidato de la AfD para las elecciones de Sajonia-Anhalt, en un mitin de campaña en la plaza de Naumburg, el 24 de agosto de 2026.

Ulrich Siegmund, candidato de la AfD para las elecciones de Sajonia-Anhalt, en un mitin de campaña en la plaza de Naumburg, el 24 de agosto de 2026.Jan Woitas / picture alliance via Getty Images

Ya estaban allí sus compañeros para eso. Con consignas que recordaban a tiempos oscuros de la historia alemana, los jóvenes militantes dejaron clara su postura. «Alemania debe seguir siendo el país de los alemanes, este principio no es negociable», proclamó Jean-Pascal Hohm, líder de la organización juvenil. El eurodiputado de la AfD René Aust elevó la apuesta en el mismo evento, exigiendo no sólo la deportación nacional, sino una «remigración a nivel europeo», pidiendo transformar a Europa en una auténtica «fortaleza» impenetrable. Sigue sonando al partido de la ira. 

El aspirante se queda, cuando le fuerzan, en la idea de echar a los «ilegales» y «delincuentes», pero en un contexto general de islamofobia y reducción de derechos de los foráneos, además de una mayor presencia de la historia «nacional» alemana en los colegios. «Debemos recuperar nuestra vieja y segura Alemania», es una de sus frases-lemas. Dice que el país se perdió con la «decadencia y la destrucción» del bipartidismo. «Recordar: yo soy como vosotros, yo soy del pueblo», insiste. 

«Debemos recuperar nuestra vieja y segura Alemania»

Aunque él trate de ir de descafeinado, está rodeado de gente muy polémica y transparente en lo ideológico. Por ejemplo, POLITICO expuso que cuatro antiguos miembros de una organización neonazi prohibida en Alemania, la Heimattreue Deutsche Jugend (HDJ), forman parte del círculo más cercano de Siegmund. Dos de ellos se encuentran entre sus asesores más cercanos y dos ayudaron a redactar el programa electoral del partido. La prensa regional ha filtrado que los dos primeros incluso podrían ser designados como jefe de la cancillería estatal y secretario de Estado de Justicia si ganan las elecciones, en un gabinete que su jefe tiene definido ya «al 95%», tan convencido como está de su victoria. 

Eso pone de manifiesto, dice, lo «dependiente» que es de ese círculo. Se le supone, también, una cercanía ideológica, aunque él siempre insiste en que no ha pertenecido nunca a la HDJ. La orden de veto del grupo, dada en 2009, indicaba que el objetivo de la HDJ era entrenar a una «élite neonazi» imbuida de la ideología nacionalsocialista. 

La «Russen Tasse» y la ambigua relación con Moscú

Si algo define la campaña de Ulrich Siegmund es su capacidad para navegar y sobrevivir a polémicas constantes que arruinarían la carrera de cualquier político tradicional. Su equipo lo destaca en la prensa local: no se ha metido en peleas internas o familias y ha eludido algunos debates precisamente por ser demasiado espinosos. De ahí que quede su programa para aclarar las cosas. 

Sí que ha cimentado su popularidad entre el electorado con cierto victimismo cuando habla de los ataques mediáticos, como una confirmación de que la AfD «dice las verdades incómodas». Uno de los incidentes más recientes, ocurrido a finales de agosto, salpicó a su círculo íntimo y sacó a relucir una de sus contradicciones de partido: su postura respecto a Rusia. La prensa, en particular el diario sensacionalista Bild y diversos podcasts de investigación, desvelaron que el influyente político de la AfD y compañero de Siegmund, Hans-Thomas Tillschneider, poseía en su despacho oficial una taza conmemorativa de las fuerzas armadas rusas (la bautizada por los medios como «Russen-Tasse»). 

En el contexto de la brutal guerra de agresión de Rusia contra Ucrania, que Alemania condena firmemente aportando apoyo militar y financiero a Kiev, el descubrimiento de parafernalia militar rusa en la oficina de un parlamentario alemán generó un escándalo mayúsculo. Tillschneider es conocido por su extrema cercanía a Moscú y su postura contra las sanciones a Rusia. 

Ante la presión mediática para que condenara el hecho, Siegmund optó por cerrar filas y justificar el hecho minimizándolo y respaldó públicamente a su compañero, demostrando la fuerte tolerancia -e incluso simpatía- que existe dentro de la AfD de Sajonia-Anhalt hacia el Kremlin de Vladimir Putin, un factor que preocupa enormemente a los aliados occidentales de Alemania.

Ha ayudado a arrojar sombras el comentario de Kirill Dmitriev, director ejecutivo de Fondo Ruso de Inversión Directa y uno de los negociadores que emplea el presidente ruso por el mundo, quien ha llegado a afirmar: «Alemania despierta el 6 de septiembre». 

Nepotismo, críticas médicas y el hype en la prensa

Las conexiones de Siegmund no dejan de estar bajo la lupa. Investigaciones de la cadena pública de radiodifusión MDR sacaron a la luz recientemente que la estructura digital de la campaña de Siegmund estaba vinculada, a través de su página web, con una tienda en línea gestionada por un antiguo militante neonazi y miembro activo del Movimiento Identitario. Este hallazgo es especialmente comprometedor dado que la AfD, para evitar la ilegalización total, mantiene formalmente una «resolución de incompatibilidad» con dicho movimiento. 

Siegmund se defendió airadamente, rechazando la veracidad de la investigación y amenazando con emprender acciones legales, una táctica habitual para desviar la atención. 

Paralelamente, han surgido acusaciones de nepotismo que cuestionan la ética del líder regional. Tras revelarse posibles contrataciones irregulares, circuló un vídeo ampliamente difundido en redes donde el propio Siegmund, con total naturalidad, aseguraba a sus seguidores que la contratación de familiares en puestos políticos o de asesoría «no es ningún problema». Hoy, su padre es asesor de otro diputado de su formación en el Parlamento regional, cuando viene de ser un ingeniero eléctrico sin experiencia. Lo de «nosotros somos otra cosa» y tal. 

Incluso en el ámbito de las políticas públicas locales, sus propuestas han chocado con la realidad técnica. Sus planes para el sistema de salud en Sajonia-Anhalt provocaron un rechazo frontal e inusual por parte del Colegio de Médicos estatal y la Asociación de Médicos del Seguro de Enfermedad. Ambas instituciones emitieron advertencias públicas alertando de que las políticas nativistas y restrictivas que propone la AfD agravarían dramáticamente la ya existente escasez de médicos en la región, poniendo en riesgo real la atención sanitaria de los ciudadanos. 

Sin embargo, el «efecto teflón» de Siegmund -su capacidad para que ningún escándalo le pase factura electoral- roza lo surrealista. El ejemplo más paradigmático de este fenómeno se vivió a mediados de agosto, que fue cuando Der Spiegel le dedicó esa portada con aires de «se busca» en la que lo llamaba «el hombre más peligroso de Alemania». Para cualquier político de un partido tradicional, una primera plana así sería el beso de la muerte. Para Siegmund, fue gasolina electoral. La maquinaria propagandística de la AfD le dio la vuelta a la narrativa, convirtiendo la portada en una medalla de honor, un símbolo de que el «sistema» les teme. 

La euforia llegó a tal punto que una copia de esa misma edición de Der Spiegel, con la firma autógrafa de Ulrich Siegmund estampada sobre el titular, fue subastada en la plataforma eBay. La puja ganadora, tras días de competencia frenética entre simpatizantes, alcanzó la asombrosa cifra de 1.010 euros. Bild definió el suceso con precisión: una auténtica «éxtasis de campaña».

Cartel electoral del partido ultra AfD y su candidato, que dice:

Cartel electoral del partido ultra AfD y su candidato, que dice: «Ulrich Siegmund: Tiene un plan. Todo es posible». La imagen es del 1 de septiembre de 2026 y fue tomada en Magdeburgo.Frank Hoensch / Getty Images

El laboratorio político de Sajonia-Anhalt

Con semejante favorito llegamos a las elecciones de este domingo en Sajonia-Anhalt, donde el juego trasciende ampliamente las fronteras de este estado del este. La región se ha transformado en el gran laboratorio de pruebas para el futuro político y democrático de la principal potencia económica de Europa. Con Siegmund a la cabeza de las encuestas, la AfD busca demostrar empíricamente que un programa radical, teñido de xenofobia y revisionismo, pero presentado con una estética moderna, una ejecución digital impecable y una estrategia comunicativa sumamente agresiva, es capaz de pulverizar el «cordón sanitario» (el cortafuegos o brandmauer) que los partidos democráticos tradicionales han intentado mantener durante años. 

A los críticos les quedan apenas horas para convencer a los electores de que es un peligro inminente y letal para la democracia liberal pluralista, un lobo con piel de cordero que ha descubierto cómo utilizar las herramientas del siglo XXI para normalizar los discursos de exclusión y odio más antiguos de Europa. Para sus simpatizantes, en cambio, representa la personificación del lema «Mut zur Wahrheit» (Coraje para la verdad). Lo ven como la única voz valiente dispuesta a enfrentarse a las élites de Berlín, el líder carismático que salvará a su región de la decadencia económica, frenará la inmigración y, en última instancia, devolverá el país a sus ciudadanos autóctonos. 

Independientemente del resultado en las urnas, hay ya una realidad es innegable: Uli, como lo llaman sus fieles, ha superado la etapa de ser una curiosidad o una figura marginal, un posterboy. Hoy es el nuevo y reluciente rostro de la extrema derecha alemana, de una popularidad excepcional aunque no sea un orador brillantísimo, que se pasea triunfal en su reconocible moto azul (de una firma robaba por los nazis a una familia judía, por cierto). Nadie sabe cuán serio será el terremoto que provoque desde su humilde territorio, tras 24 años de gabinetes de la CDU. En Berlín, mientras, ya tiemblan con la idea de ver por los suelos una profilaxis que siempre ha apartado de las administraciones a los ultras. Se empieza por lo local y se llega a lo federal, más cuando se suceden los Gobiernos de coalición forzosa y nadie frena a la AfD. 

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