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El embajador de Estados Unidos en Bélgica, Bill White, es un señor sin experiencia exterior, curtido en la Armada y volcado en los veteranos. Pero ahora va a necesitar de toda la diplomacia de su oficio para salir a flote de una crisis formidable entre su país y el que lo acoge. Se encuentra en el centro de un insólito culebrón político y judicial que tiene todos los ingredientes de un thriller moderno, la verdad: diamantes, acusaciones de soborno al presidente norteamericano, Donald Trump, insultos en redes sociales y hasta amenazas de expulsión. También un ramalazo de supuesto antisemitismo, para complicar las cosas. Como era de esperar, White ha decidido sacar su carta más poderosa para librarse del embrollo: la inmunidad diplomática. Y la ha liado. Vayamos paso a paso con la subida de la fiebre… El 29 de junio pasado, el Centro Mundial del Diamante de Amberes (AWDC, por sus siglas en inglés) decidió hacerle un regalazo al presidente Donald Trump, un ostentoso anillo engarzado con 321 diamantes y 75 piedras preciosas para celebrar el 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos. La polémica empieza porque no parecía tratarse de un regalo al país, a EEUU, sino al presidente en concreto que ahora ocupa el Despacho Oval. Lo demuestra el diseño de la pieza, con decenas de diamantes que forman dos letras T gigantes junto a la bandera estadounidense y los números «1776» y «2026». Otras decenas más de piedras enmarcan los números «45» y «47», con la forma del logotipo de Superman. Son las posiciones que ocupa el republicano en la lista de mandatarios norteamericanos. En la pieza, que se parece mucho a las que reciben como premio los ganadores de la NBA, también hay un águila con alas de diamante que sostiene un escudo de rubí y sujeta una rama de olivo de esmeraldas, debajo de un radiante «250» y sobre la frase «250 AÑOS EEUU», grabada en oro de 18 quilates. «Que este anillo sirva como un recordatorio perdurable de que la verdadera alianza, como los diamantes naturales más finos, se forja bajo presión, resiste el paso del tiempo y brilla con mayor intensidad cuando se basa en la confianza», declaró entonces Isidore Mörsel, el presidente de los diamanteros amberinos. El interior del anillo lleva grabada la frase «Hecho en Amberes para Donald John Trump».A principios de agosto, el Partido Demócrata norteamericano demandó explicaciones al Centro Mundial del Diamante de Amberes y a David Gotlib Luxury Cufflinks -responsable del diseño y la ejecución del anillo-, ya que el presente llegaba cuando la industria belga había logrado la eliminación de los aranceles estadounidenses a las importaciones de diamantes, que superan los 2.000 millones de dólares en diamantes pulidos. La decisión data del 24 de julio. A juicio de la oposición a Trump, la joya planteaba serias dudas legales en virtud de la ley federal estadounidense contra el soborno y podría acarrear sanciones penales para las empresas. La agencia norteamericana Associated Press, tras consultar a varios expertos, cifró el coste del anillo entre los 25.000 (21.565 euros al cambio de hoy) y los 35.000 dólares (30.191 euros), aunque el precio oficial nunca se ha hecho público. No son los 400 millones del avión que le ha regalado Qatar… pero es un pico.Un portavoz del grupo tuvo que declarar que AWDC proporcionó «información» a la Comisión Europea (CE) durante las negociaciones con Trump sobre un amplio acuerdo arancelario para 2025, pero que no ejerció presión directamente sobre la administración. La Casa Blanca negó haber concedido favores a intereses particulares y un portavoz afirmó a Reuters que la decisión de eximir a la industria del diamante de los nuevos aranceles simplemente ratificaba el acuerdo previo de la Administración para otorgar un trato preferencial a los diamantes en virtud del acuerdo comercial global entre Washington y Bruselas, firmado en Escocia en julio del pasado año. Sin embargo, la polémica se fue agrandando en paralelo en Bélgica. A Moshe Friedman, un activista y autoproclamado «rabino» de Amberes, el obsequio le olió a chamusquina. Por eso, presentó una denuncia contra Trump asegurando que el reluciente anillo era, en realidad, una artimaña para convencer al presidente de que presionara a la justicia belga. Y no hablamos ahora de tasas, no. Sostiene que el objetivo era influir en una investigación local sobre circuncisiones rituales en la comunidad judía, un caso en el que -según Friedman- el embajador ya se estaba entrometiendo políticamente. Friedman es un personaje complejo, que en pasado participó en conferencias con negacionistas del Holocausto en Irán y que en el pasado presentó denuncias contra dos supuestos profesionales y la Fiscalía belga las aceptó por presuntos delitos de «agresión y lesiones premeditadas contra menores» y «ejercicio ilegal de la medicina», expone EuroReporter. Hay que remontarse a febrero pasado, cuando se supo de una investigación penal en curso contra los tres circuncidadores rituales de la ciudad. White arremetió entonces contra el Gobierno Federal y pidió que detuviera la «ridícula y antisemita persecución de los circuncidadores judíos en Amberes», informa la VRT. «La ley belga permite las circuncisiones rituales si las realiza un médico cualificado bajo estrictas normas de salud y seguridad», replicó el Gobierno, aclarando que la polémica se había generado por un caso particular que estaba bajo investigación oficial. El ministro de Asuntos Exteriores y viceprimer ministro, Maxime Prévot, llamó al embajador a su despacho para leerle la cartilla.La reacción de Bill White no fue precisamente la de un diplomático pacificador. Primero puso en redes: «SIN DUDA de un caso de antisemitismo. O bien se modifica el procedimiento de acreditación, o bien se califica el procesamiento de estos tres hombres maravillosos, religiosamente cualificados y extraordinarios como antisemitismo», dijo, calificando el procesamiento de «selectivo». «Miles de circuncisiones realizadas por mohels, seguras y cualificadas, tienen lugar en Bélgica. Entonces, ¿por qué esta vez, por qué estos tres mohels, por qué en Amberes, con la gran diáspora de hermosas familias judías aquí en Bélgica, y por qué ahora?», se preguntó públicamente.Luego, a través de la revista Humo y de incendiarias publicaciones en Instagram, el representante de EEUU salió en férrea defensa de su jefe cuando estalló la polémica del anillo. «Atacar a mi presidente, que es uno de los defensores vivos más fuertes del pueblo judío, con falsas acusaciones no será tolerado ni quedará sin respuesta. Ya es suficiente. Guantes fuera», sentenció el 27 de julio. Llamaba a la pelea.
El embajador de EEUU en Bélgica, Bill White, el 29 de abril de 2026, valorando en Bruselas el intento de ataque al presidente Donald Trump en la cena de corresponsales en Washington.Bert Van Den Broucke / Photonews via Getty Images
Lejos de calmar las aguas, el 6 de agosto White emitió otro comunicado oficial para atacar la credibilidad de Friedman, negando rotundamente que fuera un rabino legítimo de la comunidad judía de Amberes, una ciudad flamenca donde viven actualmente entre 15.000 y 18.000 judíos, lo que representa la comunidad hebrea más grande de Bélgica. El embajador sacó a relucir que el exgran rabino de Viena, Chaim Eisenberg, jamás había avalado a Friedman en su cargo. De hecho, varias organizaciones judías locales han confirmado que Friedman no lidera ninguna sinagoga reconocida, pese a su influencia en la comunidad. Las principales organizaciones judías del país se han distanciado de él, insistiendo en que no representa al conjunto, añade EuroReporter. Demandas, extorsión y amenazasEl lío estaba bien liado. El caso no dejaba de acaparar titulares en la prensa en neerlandés, pero si ha acabado saltando a la nacional y hasta a la internacional es porque ha habido contraataque en los tribunales y poca claridad a la hora de abordar la denuncia. Ni corto ni perezoso, Moshe Friedman ha llevado el conflicto a los tribunales. Ha citado al embajador White ante el Tribunal Penal de Bruselas, acusándolo de amenazas, extorsión, difamación y acoso. El activista -o rabino en cursiva- ha exigido a la justicia que levante la inmunidad diplomática de White y que se le declare persona non grata en el país. El juicio tiene previsto arrancar el próximo 20 de octubre.¿La respuesta de White? Un contraataque en toda regla. En un comunicado oficial, confirmó que el Departamento de Estado de EEUU invocará «con razón» su inmunidad diplomática, aunque alardeó de que estaría más que dispuesto a desmontar las acusaciones en el juzgado. El jefe de la legación norteamericana tildó a Friedman de «estafador», aseguró que exigirá una compensación económica por los gastos legales que el proceso le está causando y por hacer perder el tiempo al tribunal. Remató diciendo que los «cinco minutos de fama» de su adversario han llegado a su fin. «Nadie en Bélgica debería perder el sueño por lo que él piense», añadió.Hasta ahora, la pelea había estado entre dos hombres, más allá del anillo en sí y las demandas de información hechas por los demócratas en Washington. Pero es que el tono beligerante de White en internet no ha hecho ninguna gracia al Gobierno belga, a la larga, y ha acabado llegando a otras dianas, a su propio gabinete. Bélgica ha alertado sobre el riesgo de una escalada diplomática y el ministro de Asuntos Exteriores y viceprimer ministro Maxime Prévot a convocar a White de urgencia para pedirle explicaciones. Su enfado total ha llegado por una publicación en la que el norteamericano ha llamado «perdedor» al ministro de Sanidad, Frank Vandenbroucke. No sólo es el insulto: acompañaba la palabra con una imagen, aparentemente generada con Inteligencia Artificial (IA), en la que el rostro del político aparecía en una caja de puros, con un mensaje adicional que aludía a su política de endurecer las advertencias sanitarias en la publicidad de bebidas alcohólicas. Sin embargo, si alguien esperaba una disculpa, se equivocaba de embajador. Tras salir de la reunión con Prévot, White se mostró más desafiante que nunca: «Seguiré publicando lo que pienso».
Mientras el embajador se niega a morderse la lengua, la prensa local ya anticipa consecuencias. Según el diario belga De Morgen, con este nivel de controversia a sus espaldas, Bill White debería empezar a «temer» seriamente una llamadita de atención desde Washington.
El embajador de Estados Unidos en Bélgica, Bill White, es un señor sin experiencia exterior, curtido en la Armada y volcado en los veteranos. Pero ahora va a necesitar de toda la diplomacia de su oficio para salir a flote de una crisis formidable entre su país y el que lo acoge. Se encuentra en el centro de un insólito culebrón político y judicial que tiene todos los ingredientes de un thriller moderno, la verdad: diamantes, acusaciones de soborno al presidente norteamericano, Donald Trump, insultos en redes sociales y hasta amenazas de expulsión. También un ramalazo de supuesto antisemitismo, para complicar las cosas. Como era de esperar, White ha decidido sacar su carta más poderosa para librarse del embrollo: la inmunidad diplomática. Y la ha liado.
Vayamos paso a paso con la subida de la fiebre…
- El 29 de junio pasado, el Centro Mundial del Diamante de Amberes (AWDC, por sus siglas en inglés) decidió hacerle un regalazo al presidente Donald Trump, un ostentoso anillo engarzado con 321 diamantes y 75 piedras preciosas para celebrar el 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos.
- La polémica empieza porque no parecía tratarse de un regalo al país, a EEUU, sino al presidente en concreto que ahora ocupa el Despacho Oval. Lo demuestra el diseño de la pieza, con decenas de diamantes que forman dos letras T gigantes junto a la bandera estadounidense y los números «1776» y «2026». Otras decenas más de piedras enmarcan los números «45» y «47», con la forma del logotipo de Superman. Son las posiciones que ocupa el republicano en la lista de mandatarios norteamericanos. En la pieza, que se parece mucho a las que reciben como premio los ganadores de la NBA, también hay un águila con alas de diamante que sostiene un escudo de rubí y sujeta una rama de olivo de esmeraldas, debajo de un radiante «250» y sobre la frase «250 AÑOS EEUU», grabada en oro de 18 quilates. «Que este anillo sirva como un recordatorio perdurable de que la verdadera alianza, como los diamantes naturales más finos, se forja bajo presión, resiste el paso del tiempo y brilla con mayor intensidad cuando se basa en la confianza», declaró entonces Isidore Mörsel, el presidente de los diamanteros amberinos. El interior del anillo lleva grabada la frase «Hecho en Amberes para Donald John Trump».
- A principios de agosto, el Partido Demócrata norteamericano demandó explicaciones al Centro Mundial del Diamante de Amberes y a David Gotlib Luxury Cufflinks -responsable del diseño y la ejecución del anillo-, ya que el presente llegaba cuando la industria belga había logrado la eliminación de los aranceles estadounidenses a las importaciones de diamantes, que superan los 2.000 millones de dólares en diamantes pulidos. La decisión data del 24 de julio. A juicio de la oposición a Trump, la joya planteaba serias dudas legales en virtud de la ley federal estadounidense contra el soborno y podría acarrear sanciones penales para las empresas. La agencia norteamericana Associated Press, tras consultar a varios expertos, cifró el coste del anillo entre los 25.000 (21.565 euros al cambio de hoy) y los 35.000 dólares (30.191 euros), aunque el precio oficial nunca se ha hecho público. No son los 400 millones del avión que le ha regalado Qatar… pero es un pico.
- Un portavoz del grupo tuvo que declarar que AWDC proporcionó «información» a la Comisión Europea (CE) durante las negociaciones con Trump sobre un amplio acuerdo arancelario para 2025, pero que no ejerció presión directamente sobre la administración. La Casa Blanca negó haber concedido favores a intereses particulares y un portavoz afirmó a Reuters que la decisión de eximir a la industria del diamante de los nuevos aranceles simplemente ratificaba el acuerdo previo de la Administración para otorgar un trato preferencial a los diamantes en virtud del acuerdo comercial global entre Washington y Bruselas, firmado en Escocia en julio del pasado año.
- Sin embargo, la polémica se fue agrandando en paralelo en Bélgica. A Moshe Friedman, un activista y autoproclamado «rabino» de Amberes, el obsequio le olió a chamusquina. Por eso, presentó una denuncia contra Trump asegurando que el reluciente anillo era, en realidad, una artimaña para convencer al presidente de que presionara a la justicia belga. Y no hablamos ahora de tasas, no. Sostiene que el objetivo era influir en una investigación local sobre circuncisiones rituales en la comunidad judía, un caso en el que -según Friedman- el embajador ya se estaba entrometiendo políticamente. Friedman es un personaje complejo, que en pasado participó en conferencias con negacionistas del Holocausto en Irán y que en el pasado presentó denuncias contra dos supuestos profesionales y la Fiscalía belga las aceptó por presuntos delitos de «agresión y lesiones premeditadas contra menores» y «ejercicio ilegal de la medicina», expone EuroReporter.
- Hay que remontarse a febrero pasado, cuando se supo de una investigación penal en curso contra los tres circuncidadores rituales de la ciudad. White arremetió entonces contra el Gobierno Federal y pidió que detuviera la «ridícula y antisemita persecución de los circuncidadores judíos en Amberes», informa la VRT. «La ley belga permite las circuncisiones rituales si las realiza un médico cualificado bajo estrictas normas de salud y seguridad», replicó el Gobierno, aclarando que la polémica se había generado por un caso particular que estaba bajo investigación oficial. El ministro de Asuntos Exteriores y viceprimer ministro, Maxime Prévot, llamó al embajador a su despacho para leerle la cartilla.
- La reacción de Bill White no fue precisamente la de un diplomático pacificador. Primero puso en redes: «SIN DUDA de un caso de antisemitismo. O bien se modifica el procedimiento de acreditación, o bien se califica el procesamiento de estos tres hombres maravillosos, religiosamente cualificados y extraordinarios como antisemitismo», dijo, calificando el procesamiento de «selectivo«. «Miles de circuncisiones realizadas por mohels, seguras y cualificadas, tienen lugar en Bélgica. Entonces, ¿por qué esta vez, por qué estos tres mohels, por qué en Amberes, con la gran diáspora de hermosas familias judías aquí en Bélgica, y por qué ahora?», se preguntó públicamente.
- Luego, a través de la revista Humo y de incendiarias publicaciones en Instagram, el representante de EEUU salió en férrea defensa de su jefe cuando estalló la polémica del anillo. «Atacar a mi presidente, que es uno de los defensores vivos más fuertes del pueblo judío, con falsas acusaciones no será tolerado ni quedará sin respuesta. Ya es suficiente. Guantes fuera«, sentenció el 27 de julio. Llamaba a la pelea.

El embajador de EEUU en Bélgica, Bill White, el 29 de abril de 2026, valorando en Bruselas el intento de ataque al presidente Donald Trump en la cena de corresponsales en Washington.
- Lejos de calmar las aguas, el 6 de agosto White emitió otro comunicado oficial para atacar la credibilidad de Friedman, negando rotundamente que fuera un rabino legítimo de la comunidad judía de Amberes, una ciudad flamenca donde viven actualmente entre 15.000 y 18.000 judíos, lo que representa la comunidad hebrea más grande de Bélgica. El embajador sacó a relucir que el exgran rabino de Viena, Chaim Eisenberg, jamás había avalado a Friedman en su cargo. De hecho, varias organizaciones judías locales han confirmado que Friedman no lidera ninguna sinagoga reconocida, pese a su influencia en la comunidad. Las principales organizaciones judías del país se han distanciado de él, insistiendo en que no representa al conjunto, añade EuroReporter.
Demandas, extorsión y amenazas
El lío estaba bien liado. El caso no dejaba de acaparar titulares en la prensa en neerlandés, pero si ha acabado saltando a la nacional y hasta a la internacional es porque ha habido contraataque en los tribunales y poca claridad a la hora de abordar la denuncia.
- Ni corto ni perezoso, Moshe Friedman ha llevado el conflicto a los tribunales. Ha citado al embajador White ante el Tribunal Penal de Bruselas, acusándolo de amenazas, extorsión, difamación y acoso. El activista -o rabino en cursiva- ha exigido a la justicia que levante la inmunidad diplomática de White y que se le declare persona non grata en el país. El juicio tiene previsto arrancar el próximo 20 de octubre.
- ¿La respuesta de White? Un contraataque en toda regla. En un comunicado oficial, confirmó que el Departamento de Estado de EEUU invocará «con razón» su inmunidad diplomática, aunque alardeó de que estaría más que dispuesto a desmontar las acusaciones en el juzgado. El jefe de la legación norteamericana tildó a Friedman de «estafador«, aseguró que exigirá una compensación económica por los gastos legales que el proceso le está causando y por hacer perder el tiempo al tribunal. Remató diciendo que los «cinco minutos de fama» de su adversario han llegado a su fin. «Nadie en Bélgica debería perder el sueño por lo que él piense», añadió.
- Hasta ahora, la pelea había estado entre dos hombres, más allá del anillo en sí y las demandas de información hechas por los demócratas en Washington. Pero es que el tono beligerante de White en internet no ha hecho ninguna gracia al Gobierno belga, a la larga, y ha acabado llegando a otras dianas, a su propio gabinete. Bélgica ha alertado sobre el riesgo de una escalada diplomática y el ministro de Asuntos Exteriores y viceprimer ministro Maxime Prévot a convocar a White de urgencia para pedirle explicaciones. Su enfado total ha llegado por una publicación en la que el norteamericano ha llamado «perdedor» al ministro de Sanidad, Frank Vandenbroucke. No sólo es el insulto: acompañaba la palabra con una imagen, aparentemente generada con Inteligencia Artificial (IA), en la que el rostro del político aparecía en una caja de puros, con un mensaje adicional que aludía a su política de endurecer las advertencias sanitarias en la publicidad de bebidas alcohólicas. Sin embargo, si alguien esperaba una disculpa, se equivocaba de embajador. Tras salir de la reunión con Prévot, White se mostró más desafiante que nunca: «Seguiré publicando lo que pienso».
Mientras el embajador se niega a morderse la lengua, la prensa local ya anticipa consecuencias. Según el diario belga De Morgen, con este nivel de controversia a sus espaldas, Bill White debería empezar a «temer» seriamente una llamadita de atención desde Washington.